La pandemia por COVID-19 ha dejado daños colaterales que comienzan a notarse, pero es en los niños donde más se reflejarán y a estas alturas aún no se alcanzan a dimensionar; más que académico, tiene que ver con los trastornos emocionales, como la ansiedad, depresión, de lenguaje, violencia familiar, “me atrevería a comentar que son más graves que lo que el COVID pueda hacer en los niños”.

Así lo expresó el jefe del departamento de Pediatría del Hospital Hidalgo, Víctor Monroy Colín, quien resaltó que mucho se habla de los daños colaterales en los distintos ámbitos, en lo laboral, económico, educativo y social, pero sin duda los que más resentirán los efectos secundarios serán los estudiantes más jóvenes, ante el aislamiento, el tener que desarrollar actividades de aprendizaje en línea y la poca convivencia.

“Definitivamente, los niños sí deben regresar a clases presenciales porque el daño colateral que ha dejado todavía no alcanzamos a dimensionarlo”, recalcó, tras aseverar que el riesgo cero no ha existido nunca, pues siempre ha habido enfermedades, como son las respiratorias, influenza, varicela y ahora la COVID-19.

El que los estudiantes de nivel básico vuelvan a las clases presenciales, además de la oportunidad de tener un adecuado progreso en su formación educativa y aprendizaje, también es importante para que recuperen su salud psicoemocional, con la advertencia de que deberán seguir las medidas sanitarias, para que el riesgo de contagio sea mínimo.

Sugirió que con los niños que tengan alguna comorbilidad, como pudiera ser obesidad o enfermedades que les debiliten su sistema inmune, los padres de familia consideren la posibilidad de que se sigan resguardando en casa y sigan sus clases en línea, pero en caso de querer salir para fomentar la convivencia familiar, lo hagan en espacios abiertos con menos afluencia de gente, y de esta manera, también fomentar las actividades físicas.

Sin duda alguna, recalcó, la clave para el regreso a clases será la corresponsabilidad entre los padres de familia y las autoridades educativas, de ahí que el primer filtro sanitario deberá ser en casa, vigilar los síntomas de los estudiantes, pues a año y medio de la pandemia, se sabe que el coronavirus también enferma a los niños y desafortunadamente también pueden fallecer, “pero esos decesos representan menos del 0.1%. Claro que cada muerte cuenta y cada niño nos importa, pero también, sabemos que son estos niños los que están en mayor riesgo”.

Monroy Colín recalcó que los pacientes pediátricos en mayor grado de enfermar y complicarse, podrían ser aquellos con obesidad, con algún grado de inmunodepresión, con cáncer, enfermedades renales o malformaciones cardíacas importantes”.

En tanto que estimó que el 40% de los niños positivos al COVID-19, presentarán algún síntoma digestivo, como dolor abdominal, diarrea, náuseas o vómito, el 80% van a desarrollar fiebre, y la recomendación es que los papás estén al pendiente de la irritabilidad del menor de edad.