Los cambios de sacerdotes no deben verse como “castigos”; son saludables estos movimientos, ayudan a renovar y revitalizar la Diócesis y también son benéficos para los propios presbíteros, señaló el Obispo José María de la Torre Martín.

Refirió que en el pasaje de las Bodas de Caná, Jesús se hace portador de un “vino bueno”, capaz de reavivar el espíritu; “Él puede hacer brotar en nosotros el gusto por una vida más humana, llena de esperanza, amor y de paz”.

En ese sentido, comentó que llegado el momento, debe realizarse un periodo de traslados y rotación sacerdotal. Los cambios son una oportunidad de renovar y revitalizar la vida de nuestra Iglesia Particular.

Afortunadamente, dijo, hay disposición y la respuesta inmediata de los sacerdotes y sus comunidades que, asumiendo sus traslados, reflejan una experiencia profunda de fe y de misericordia.

Añadió que es signo de profunda madurez humana y cristiana que las comunidades despidan y a la vez reciban a los sacerdotes, expresando así la profundidad de fe y la madurez para colaborar y dar continuidad a los procesos y compromisos de la evangelización, igual que crear condiciones para construir la paz y acompañar a niños, jóvenes, hombres y mujeres, familias.

A las comunidades las invitó a mirar en sus nuevos pastores la figura de Jesús, Buen Pastor, que nos muestra el amor y solicitud de los pastores para guiar a sus ovejas y llevarlas sobre sus hombros a buenos pastos, respondiendo a la triple confesión de amor.

“Las Diócesis tienen la misión evangelizadora y constructora de paz en medio de los desafíos de nuestra sociedad, de ahí la importancia de la colaboración de los párrocos”.