RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Conocí a Tomás Balcázar de una manera se puede decir fortuita, como a veces suceden las grandes cosas de la vida. Corría el año 1987 y Aguascalientes era sede de un torneo de futbol de eliminatoria para que la selección  triunfadora acudiera al Campeonato Nacional Juvenil “Benito Juárez” que organizaba el Sector Amateur de la FMF año con año. Los juegos se desarrollaban en el ya desaparecido Estadio Municipal. Ese torneo me permitió conocer a una leyenda del fútbol nacional: Tomas Balcázar González, quien jugó toda su vida en el campeonísimo equipo de las Chivas del Guadalajara. Tomás había acudido a Aguascalientes como entrenador de la selección juvenil de Jalisco.

Una tarde, Luis Páez que era el Presidente de la Asociación de Fútbol Amateur de Aguascalientes, me pidió que acompañara a la esposa de Balcázar, que había venido acompañando a su marido, a hacer unas compras de bordados y deshilados.  Yo, que toda mi vida he sido americanista, me negué en primera instancia. Por un falso orgullo no quería amistar con alguien de las Chivas. ¡Bendito sea Dios que mi necedad no fue a tanto!, pues luego de unos minutos le dije a Luis que sí, que no había problema y que atendería al matrimonio Balcázar ese día por la tarde. ¡Fue una de las mejores decisiones de mi vida! Tanto Lucha, esposa de Tomás, como el mismo Balcázar eran unos seres humanos ¡formidables!..Todo amistad, amor, cariño, etc. Grandes personas. Ese día nació una de las más grandes amistades de mi vida.

Esa tarde luego de que Lucha de Balcázar realizó sus compras acordamos cenar en el Andrea Alameda. Yo acudí con la idea de que junto con una buena cena, tendría una buena platica de fútbol, pues Tomás aparte de haber jugado con las Chivas había sido seleccionado nacional en el mundial de Suecia, en donde incluso anotó un gol.

¡La velada resultó formidable!, pues desde los aperitivos me di cuenta de lo bello que era este matrimonio. Sencillos en su trato. Pero con mucho corazón para dar a sus amigos. Fieles a su lugar de nacimiento lo primero que pedimos fue un tequila, para ir abriendo boca y para iniciar la amistad. En esas estábamos cuando Lucha le dice a Tomás:

-Viejo, ¿a que no sabes que casete traía Rodrigo en su camioneta?…uno de mi compadre Marco.

Cuando escuché “mi compadre Marco”, sorprendido le pregunté:

-¿A poco Marco Antonio Muñiz es su compadre?

-¡Claro!, contesto Lucha, la esposa de Marco es mi prima.

¡No me lo hubiera dicho! A partir de ese momento la plática fue totalmente sobre mi ídolo. Lucha y Tomás se turnaban para platicar sobre él.

Curiosamente Tomás y Marco Antonio habían nacido en el mismo barrio allá en Guadalajara: Mexicaltzingo. Y, lo que son las cosas,  Marco de niño quería ser futbolista y Tomás cantante.

Los dos amigos nacieron en cunas muy pero muy humilde. En la pobreza se pudiera decir.

Tomás Balcázar tuvo una infancia muy difícil, pues su padre abandonó a su familia cuando él era muy pequeño  teniendo que trabajar desde muy niño. Su mamá para sostener a sus hijos hacía en su casa tortillas a mano, las cuales vendía en el mercado. La vivienda de los Balcázar era en una vecindad.

Tomás desde chico mostró aptitudes para jugar fútbol, deporte que practicaba en la calle o en el parque del barrio. Casi sin zapatos jugaba todas las tardes. En una ocasión, cuando tenía 18 años, un amigo le dijo que se iba a ir a probar al equipo del Guadalajara..¡A las Chivas! e invitó a Tomás a ir a que se “probara” también. Balcázar dudó en ir, pues no tenía ni para el camión.

-Pues nos vamos a pie. Le dijo el amigo.

Tomás le pensó pues irían hasta Colomos, que era muy lejos de su barrio. El “gusanito” del fútbol pudo más y allá van los amigos. Llegaron a las instalaciones y luego de varios intentos lograron que alguno de los visores del equipo los viera. Al final de la jornada al único que aceptaron fue a Tomás.

Pasados algunos meses el entrenador del primer equipo, que había estado pendiente de los entrenamientos de los jóvenes, llamó a Tomás para incorporarlo como suplente en el primer equipo. Balcázar estaría en la banca como suplente de jugadores de la talla del “Bigotón” Jasso, de la “Pina” Arellano, del “Tigre” Sepúlveda, del “Tubo” Gómez, etc.

El mismo día que lo incorporaron como suplente, lo llamaron de la directiva del club. La idea era firmarlo. Que el club fuera dueño de la carta del muchacho. En ese tiempo no se acostumbraba que los jugadores tuvieran promotores, ellos mismos negociaban todo lo referente a sueldos.

Ya frente al presidente del club, éste le dijo que cuanto había pensado que cobraría por su carta. Tomás no tenía ni idea, así que le dijo que cuanto le daba. El presidente le dijo que unos treinta mil pesos. Balcázar casi se desmaya. Era un dineral, pues estamos hablando de los cuarentas. Sin pensarlo dijo que sí. El directivo volteó a ver a su secretaria y le ordenó que hiciera un cheque por esa cantidad. Tomás pensó que a la mejor podría ser un cheque sin fondos y sin el menor rubor le dijo que no, que quería el dinero en efectivo.

-¡¿En efectivo?! Contestó asombrado el presidente.

-Si, dijo Tomás, prefiero el dinero en efectivo.

-Señorita haga el cheque y que se lo firme este muchacho e inmediatamente lo manda cobrar.

Cuando entregaron el dinero a Balcázar éste no supo qué hacer, pues la paca de billetes era grande. Ahora su problema era como irse a su casa con esa cantidad de dinero en efectivo.

-Si me voy en camión a la mejor me asaltan. Pensó. Mejor me voy caminando, dijo. Y allá va el muchacho, más que caminando iba corriendo con el grueso fajo de billetes guardado en las bolsas del pantalón Tenía urgencia por llegar a comentárselo a su mamá y hermanos.

Cuando llegó a la vecindad en que vivía, observó que su mamá estaba en el patio lavando ropa. Él desde la entrada le gritó: ¡Mamá, mira lo que traigo!, mostrándole las manos llenas de billetes de grandes denominaciones.

La mamá de Balcázar volteo y asustada de ver tantísimo dinero en las manos de su hijo: le gritó delante de todas las vecinas: ¡ya robaste hijo de la chingada!…

Tomás, con el corazón queriéndosele salir por la agitación que traía luego de la carrera desde las instalaciones de las chivas le contestó:

-No, mamá, no!…me acaban de contratar ¡¡con las Chivas!!. ¡Y esto es lo que me pagaron por firmar el contrato!

La mamá de Tomás lo miraba asombrada e incrédula, no podía imaginar que a su hijo por jugar fútbol le pagaran tanto dinero.

Lo primero que hizo Tomás fue comprarle a su mamá una casa en la misma calle en la que vivían. Sin embargo el día que le entregaron la casa, su mamá no quería cambiarse, se aferraba a vivir en la vecindad en que habían vivido por tantos años.

Tomás Balcázar fue una figura del balompié nacional y desde el primer día que cobró como jugador profesional ayudó económicamente no solo a su madre sino a sus hermanos. Ya de casado y con una familia que mantener e incluso ya retirado del fútbol, Tomás llegaba cada domingo a su antiguo barrio, a las ocho de la mañana ya estaba en la casa materna con el “chivo” semanal. Siempre fue un buen hijo, agradecido y comprometido con su familia.

CONTINUARÁ