RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

-SEGUNDA Y ULTIMA PARTE-

Mi amistad con los Balcázar se dio fuertemente desde el primer momento en que nos conocimos. De tal manera que las visitas a Guadalajara a saludarlos se dieron continuamente. En una ocasión nos llamaron para invitarnos a celebrar un aniversario del Club Guadalajara. La fiesta iba a estar en grande pues sería una cena baile con la actuación de Marco Antonio Muñiz. Esa sería la primera vez que estaríamos con Marco pero ya no como cualquier fan sino ahora iríamos con su familia. Así que de inmediato aceptamos ir a la fiesta en el club de fútbol más tradicional de México, que en ese tiempo, debo aclarar, aún no era propiedad de Jorge Vergara.

La emoción – y la ilusión- por conocer más de cerca de Marco y a su esposa eran tremendas.

El día del evento llegamos a Guadalajara cerca del medio día y tanto Tomás como Lucha no dejaron que nos quedáramos en un hotel, nos invitaron a quedarnos en su casa. De inmediato sentimos el calor de hogar y el afecto sincero de esta familia que nos hacían sentir no como invitados sino como familia. Cuando llegamos a la casa de nuestros anfitriones, cerca del medio día, Tomás iba saliendo para el club a checar algo del evento invitándome a ir con él. Yo acepté con mucho gusto pues iba a conocer la casa de las Chivas y a algunos de sus directivos. Al llegar me presentó a quién en ese tiempo era el que encabezaba la “Promotora Deportiva Guadalajara”, el señor Salvador Martínez Garza, y a varios de los integrantes de la directiva. Todos estaban contentos por el evento que esa noche se llevaría a cabo y para celebrarlo nos invitaron a pasar al salón de sesiones del club, una oficina muy bonita, elegante con una mesa como para 20 personas, al fondo tenía una pequeña cocineta y a un lado observé varias cajas de tequila “Cazadores”. Ahí estuvimos como 12 personas de manera desenfadada platicando sobre la cena baile que esa noche se celebraría ahí en las instalaciones del club y qué mejor que comentar  y ahí brindamos con dos o tres copas de tequila. ¡La fiesta había comenzado para mí!

Antes de entrar al salón en que departiríamos pude observar cómo varios trabajadores acomodaban en un enorme espacio abierto cientos de mesas así como el escenario en el que Marco Antonio Muñiz cantaría esa noche. La reunión con la gente de las Chivas fue muy padre, hablamos –obviamente- de futbol y de lo que esa noche viviríamos.

 A eso de las seis de la tarde Tomás me hizo una seña para indicarme que ya nos teníamos que ir. Así que sin más preámbulo nos despedimos quedando de vernos más tarde.

Ya por la noche, acompañados de la familia Balcázar salimos rumbo al club, en la camioneta íbamos Tomás, Lucha Balcázar y su hijo menor Toño, Javier el “Chícharo” Hernández –papá del Chicharito y Silvia Balcázar, esposa del “Chícharo”, mi mujer y yo. Cuando llegamos al club observamos un mundo de gente. Todos con sus mejores galas. Para mí era una experiencia muy interesante pues estaba la crema y nata de Guadalajara así como varios de los jugadores del campeonísimo; jugadores de los que yo en mi niñez  había oído como los integrantes del campeonísimo: el “Bigotón” Jasso, el “Cabo”  Valdivia, el “Tubo” Gómez, la “Pina” Arellano, ¡Chava Reyes!, el Willy Gómez, Mellone Gutiérrez, los cuates Calderón, etc. Desde luego que estaban los jugadores de esa época.

Apenas nos estábamos acomodando en la mesa que nos habían asignado cuando Tomás me dijo:

-¿No quieres acompañarnos por Marco?, vamos a ir por él al Fiesta Americana.

¡Cómo no iba a querer!… ¡si de eso pedía mi limosna!

¡Si!.. le dije sin pensarlo.

-Pues vamos. Me dijo Tomás.

Y allá vamos Tomás, Javier “el Chícharo” Hernández, Toño el hijo menor de Tomás y yo.

La emoción de ir a recoger a Marco al hotel, junto con su familia era algo muy padre. Pues ya no llegaría como cualquier hijo de vecino a ver si lo podía saludar.. ¡No!, ahora iba directamente a verlo.

Al llegar al hotel Fiesta Americana de la Minerva, nos dirigimos a la habitación del cantante. La emoción aumentaba, los latidos de mi corazón los podía yo escuchar ¡a cien por hora! Subimos al octavo piso, a una de las suites. Luego de tocar la puerta grande fue mi sorpresa al ver que abría el propio Marco Antonio quien estaba de muy buen humor. En el mismo lugar estaba su esposa Jessica así como dos inseparables colaboradores  José Luis, su valet  y Charlie su ingeniero de sonido.

Marco mostró su alegría al ver a Tomás, su amigo de toda la vida, ¡se veían como hermanos! Luego de los saludos de rigor Tomás me presentó con Muñiz. Marco me saludó como si me conociera de toda la vida. En seguida partimos todos rumbo al Club Guadalajara. Esa noche inició mi amistad con Marco Antonio Muñiz y su familia.

Luego de un año de haber conocido a los Balcázar se acercaba el cumpleaños número 15 de mi hija Claudia y en casa decidimos que sería muy bonito el tener una relación permanente con la familia Balcázar, así que previa aprobación de la quinceañera invitamos a Tomás y Lucha para que fueran los padrinos de quince años. Ellos aceptaron y de esa manera los lazos de amistad se unieron fuertemente, las familias de uno y otro lado se veían como si esa unión fuera de muchos muchos años. A partir de ahí se acrecentó la relación. Con los Balcázar pasamos varios años nuevos en Guadalajara. El Chícharo papá cumple años el 30 de diciembre, así que los festejos los iniciábamos desde el 30 le seguíamos el 31 y luego el 1° de enero. La casa de los Balcázar siempre tenía invitados, la mayoría ex futbolistas o algunos todavía en activo. Así que las reuniones eran formidables. A ello había que agregar que los hijos de Marco acudían con regularidad con los Balcázar: el Coque, Antonio Carlos, Miky, Mariana, etc. Ellos se juntaban mucho con las hijas de Tomás y se iban a las discos los fines de semana. Desde luego que ahí llegaban los días de su estancia. El Coque iba muy seguido a Guadalajara pues allá vivía Mina que ahora es su esposa. Usted ya se imaginará las reuniones que se organizaban. ¡Fabulosas! sobre todo porque Tomás era muy simpático y ocurrente. Escucharlo cantar –cantaba muy bonito-, platicar sus anécdotas o contar chistes era algo fabuloso. A eso habría que agregar que acudía gente como Pepe Jara y su esposa Silvia, ellos eran como hermanos para los Balcázar; en una de esas reuniones conocí a un artista muy carismático, ¡oriundo de Aguascalientes!: Freddy Marcos. En ese tiempo Freddy, que canta muy bonito y es todo un showman tenía la “Cueva de Freddy Marcos” en Plaza del Sol, abajo del hotel Aránzazu. Freddy ya había estado en México en el conjunto Marrakech, propiedad de televisa, que era un conjunto de centros nocturnos en el mismo lugar. También asistía el ex árbitro peruano ¡Arturo Yamasaki! Muy amigo de Tomás. Las anécdotas que contaban él y Tomás eran ¡fabulosas!  No parábamos de reír. Fueron veladas muy bellas que no se volverán a repetir pero que nunca se borraran de mi mente.

Tomás Balcázar a partir de que nos conoció comenzó a venir a Aguascalientes en tiempo de feria. Antes de conocerme, me confesó una vez, casi nunca había venido a Aguascalientes a pesar de que Chucho Arroyo lo había invitado cientos de veces, pero luego de nuestra amistad ya se venía manejando su carrito junto con Lucha y una amiga que ellos estimaban mucho: Marina, ella era de Tlaquepaque, muy bella señora. Y aquí en Aguascalientes cada abril nos reuníamos con Chucho Arroyo, un hombre encantador y generoso que mandaba traer la comida desde su restaurante para festejar el cumpleaños de Tomás que era el 4 de mayo, el festejo se hacía después de ir a los toros en la casa de David Clemente, allá en el Campestre. Acudían toreros – ahí amiste con muchos de ellos-, Guillermo Leal cronista y reportero de REFORMA-simpatiquísimo. La tambora no faltaba, se hacía una fiesta inolvidable cada año.

El espacio se acaba y yo no terminaría de platicar de mi querido amigo Tomás Balcázar, Tomy para los amigos. Hoy mi adorado compadre ha partido a la casa del Señor y sé, sin duda alguna, que se fue derechito al cielo pues fue un hombre de bien, que nunca hizo mal a nadie, que siempre se entregó por completo a su familia ya sus amigos, vivió para servir y para dar satisfacciones a tantos miles y miles de seguidores del “rebaño sagrado” de las ¡Chivas del Guadalajara!  Hoy solo puedo decirle: ¡Gracias Tomás por haberme brindado tu amistad sin cortapisas!, por haberme abierto las puertas de tu casa y por haberme permitido formar parte de tu familia. Ojalá y el Creador me permita encontrarte algún día en otra dimensión para seguir gozando de esta bella amistad. Compadre Tomás…¡te voy a extrañar muchísimo!