Ricardo Vargas

Cuando se habla de finanzas públicas por lo general se discute el tema de deuda y de las limitantes presupuestarias que enfrenta cada administración para poder cumplir con las obligaciones o promesas que anteriormente hizo en épocas de campaña. La realidad es que siempre habrá una restricción presupuestaria, como la hay en el análisis micro económico cuando se observa la situación de una empresa, o incluso cuando hablamos de finanzas personales. En el tema de finanzas públicas es, en términos muy generales, algo similar. Se enfrentan compromisos y responsabilidades (egresos), y se tienen recursos limitados para poder cumplirlos (ingresos). Más allá de esto, existe un sinfín de posibilidades para poder optimizar lo que se tiene, contra lo que se debe. Es decir que no siempre existe un camino establecido para poder sobrellevar de la mejor manera posible las obligaciones presentes y futuras. Sin embargo podríamos quizá dividir este abanico de posibilidades o estrategias en dos ramas; el crecer o el recortar.

Por un lado está esta idea de querer maximizar los ingresos, previendo quizá que las obligaciones serán mayores en un futuro o aceptando que las obligaciones reales son más grandes de las que se perciben y que hay quizá mucho más por hacer de lo que cotidianamente se ha estado haciendo. En este sentido podríamos pensar quizá en una empresa busca incrementar sus ingresos, pues prevé un mayor crecimiento en su nómina, y sabe que será necesario un mayor nivel de ingresos para seguir creciendo en la empresa y generar mayor derrama económica. Entonces se toman decisiones para crecer, obtener mayores ingresos, producir. Posiblemente los ingresos que se tengan se utilicen para cumplir con compromisos pero también en inversión productiva; quizá maquinaria nueva, equipo de cómputo, capacitaciones, certificaciones. Todo aquello que en papel apunte a un mayor crecimiento de la empresa.

Por el otro lado del análisis estará aquella visión de aprovechar lo que ya se tiene. De utilizar los ingresos no en inversión productiva, sino en gastos innecesarios y ya después en cumplir con las obligaciones. Podríamos aquí pensar en aquella empresa que hace un reparto de utilidades justo cuando ha cumplido con obligaciones de corto plazo. Pero no se sigue invirtiendo, sino que todo el ingreso agregado se utiliza en un gasto que no es productivo. Entonces la empresa empieza a quedarse atrás de lo que tiene en frente, y viene un problema pues se ha descuidado la fuente de ingresos y se enfrenta a un problema con el gasto que hay que cumplir.

De forma similar, las finanzas públicas y el manejo del erario público lo podemos catalogar en dos diferentes pensamientos o vertientes. Por un lado vamos a ver aquellos gobiernos que tengan una visión a largo plazo, y que generen inversión productiva en miras a un crecimiento mayor en el futuro, y que aunque quizá no reciban una recompensa inmediata habrá una recompensa mayor en el futuro.

Y por otro lado, frecuentemente vemos aquellos gobiernos que tienen una visión a corto plazo, en donde no importa realmente la inversión productiva ni es relevante el crecimiento a futuro, pues lo que realmente interesa es la recompensa presente. Entonces no se invierte, sino que se utiliza ya el nivel de ingresos actual para recibir una recompensa inmediata (llámese proselitismo electoral, programas clientelares, etc.).

Esta semana se aprobó en lo general en la Cámara de Diputados la iniciativa de reforma de ley propuesta por MORENA, que busca extinguir 120 fideicomisos públicos que han sido destinados históricamente a la ciencia, la investigación, a los fondos económicos contra desastres naturales, entre otros. Se vota ahora en lo particular, pero se aprobó ya la cancelación del Fondo Nacional para Desastres Naturales (Fonden), que curiosamente es más necesario en el sur del país, donde el partido gobernante tiene una presencia más arraigada. El problema con esto es que bajo el argumento de no endeudar más al país (cosa que sí se ha dado desde 2018 hasta hoy), se están utilizando todos los ingresos actuales no para cumplir con inversión productiva (como lo es la ciencia y tecnología) ni para cumplir con gastos corrientes (como lo son la reposición de daños materiales causados por desastres naturales en el país), sino para mantener programas clientelares con un fin político.

Sin duda es más fácil este camino, mucho más rápido y de mejores resultados en el muy corto plazo, pero el problema se verá en el mediano y largo plazo, cuando no solamente no se tenga un ingreso suficiente para invertir, sino que no se tendrá un ingreso suficiente para cumplir con los gastos corrientes que antes eran solventados de una forma relativamente sencilla.

Soy economista del Tec de Monterrey, Campus Monterrey y tengo un par de años escribiendo artículos de opinión. Escríbame. rvargas@publimagen.mx     @1ricardovargas