Mayolo López
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO 19-Nov-2021 .-Desaforados, en tropel, los senadores tomaron la tribuna como si estuvieran defendiendo la Patria.
La búsqueda desesperada de una foto con Saúl Álvarez, «El Canelo», desbordó la máxima tribuna de la nación. Empujones, «selfies», autógrafos. ¿Quién se acordaba que había sesión? Nadie. Entre apretujones se coló la presidenta, Olga Sánchez Cordero, para platicar con el púgil, pasado el mediodía.
A falta de papel, el senador morenista Américo Villarreal le acercó un cubrebocas para conseguir el tan ansiado autógrafo. Previsor, el perredista Miguel Ángel Mancera consiguió la firma en un guante nuevo. Lucía Trasviña, que ha presumido fotos portando armas, también se puso los guantes para posar con el boxeador.
Saúl Álvarez disfrutaba a sus anchas la escena. Campeón indiscutido de peso súper medio, se rendía ante la fanaticada.
«Eres un chingón, Canelo», le gritó desde su escaño la panista Xóchitl Gálvez.
El Senado rendía homenaje a Eddy Rosales, mánager de «El Canelo».
Legisladores, asesores, secretarias, personal de limpieza. Todo mundo se agolpó en la sala donde sesiona la Comisión Permanente.
Como estaba cantado, el anfitrión del homenaje, el senador morenista Ricardo Monreal, se puso los guantes y le obsequió un par al «Canelo», que lució un traje gris claro con camisa de cuello de tortuga.
Saúl Álvarez embrujaba a todos, se dejaba querer. Las senadoras se le acercaban para pedirle una «selfie». Ya para entonces, ni quién se acordaba de Eddy Rosales, el homenajeado. El senador Monreal no se separaba del boxeador.
Allí estaban los coordinadores parlamentarios del PRI, PRD, PES y PT, Miguel Ángel Osorio Chong, Miguel Ángel Mancera, Sasil de León y Geovanna Bañuelos, respectivamente. La petista se apareció en el recinto media hora antes de la llegada de «El Canelo», para asegurar su lugar.
En la Cámara no se le recuerda tanta avidez por pasar lista y decir «presente» media hora antes del inicio de las sesiones.
Todos se arremolinaban en torno del gran ídolo, como cuando en un ring todos quieren aclamar al que ha propinado tremendo nocaut. Los senadores Alejandro Armenta, Kenia López, Xóchitl Gálvez, Napoleón Gómez Urrutia, Lilia Margarita Valdez, Noé Castañón, Armando Guadiana, Julio Menchaca, cazando la foto con el ídolo.
Tras los discursos de rigor, Monreal entregó sendos reconocimientos al mánager y al «Canelo». Y como si hubiera sonado la campana, todo mundo subió a la tribuna para rodear al campeón. Una escena nunca antes vista. 20 minutos del alboroto. Luego, unos minutos del campeón en la oficina de Monreal, con un puñado de privilegiados.
Para entonces, el estacionamiento del sótano era un hervidero. Decenas se agolparon para esperar al mejor boxeador mexicano. El personal de seguridad le hizo valla y Saúl Álvarez salió entre gritos de «Ca-ne-lo, Ca-ne-lo». En el tumulto, Monreal aguantaba los apretujones del gentío.
«Ca-ne-lo, Ca-ne-lo»… y el púgil abandonaba el Senado de la República como una verdadera gloria del boxeo.
Eufórico, Monreal contó que su invitado le había enseñado cómo dar «un gancho al hígado» y «a esperar, a esperar y esperar» el momento oportuno.
«Sí, voy a esperar y seleccionar el round, porque, eso sí me dijo, que él, en la pasada pelea (con Caleb Plant), desde el séptimo round pudo haberlo noqueado y que se le salía y se le escapaba, pero que estuvo esperándolo, esperándolo.
«Y entonces dijo: ‘tú, espérate’. Y en la política hay que saber esperar: hay que saber esquivar golpes», señaló el morenita.

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