Marcos Vizcarra
Agencia Reforma

CULIACÁN, Sinaloa.- “Los niños al piso, que no les toquen las balas”, se escuchó en uno de los tantos videos que circularon ayer durante la toma de miembros del Cártel de Sinaloa a Culiacán para que liberaran a Ovidio Guzmán López, hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán.
La Secretaría de la Defensa Nacional y la Guardia Nacional fueron por el vástago del capo. Eran las 14:00 horas, hora pico en el sector Tres Ríos, cuando todos van a sus casas a comer y dejar a sus hijos tras terminar la jornada escolar.
Ubicaron la casa del hijo de Guzmán Loera, le tocaron la puerta y ahí estaba él, pero decenas de hombres armados rodearon el lugar y activaron una toma de la ciudad.
Comenzaron los balazos al aire. Detonaron armas de calibre exclusivo del Ejército y Fuerzas Armadas desde camionetas estaquitas.
Las balas sonaron en toda la capital. Se veía a hombres armados y encapuchados paseando por el Centro, el sector Tres Ríos, las colonias Las Quintas, Rafael Buelna y Chapultepec, todas zonas de suburbios.
Esos grupos armados sitiaron la ciudad, cerraron calles, tomaron casetas de peaje y provocaron que se suspendieran vuelos y salidas de autobuses. Nadie podía entrar ni salir a la ciudad.
La información se dio a cuenta gotas, pero circularon decenas de videos y fotografías que relataban una realidad: rutas de camiones suspendidas, labores terminadas, gente corriendo a supermercados, negocios y cualquier lugar que estuviera abierto para resguardarse.
“Aquí en mi casa hay gente que me pidió llorando quedarse hasta que pasara todo”, dijo Natalia Reyes, activista de Culiacán.
Los restaurantes cerraron, las tiendas también y se dio un toque de queda voluntario.
Mientras, se conocía que el Penal de Culiacán abría sus puertas y pudieron salir, al menos, una docena de personas consideradas como reos federales de alta peligrosidad.
Hasta la noche del jueves no se sabía cuántos ni quiénes salieron del centro penitenciario, pero sí que 9 personas estaban siendo atendidas por heridas graves: 3 civiles, 2 policías y 4 militares heridos por enfrentamientos.
Hubo testigos de eso y se resguardaron donde pudieron.
“Aquí tengo a dos clientas que no se quieren ir y estamos pensando en quedarnos a dormir mi marido, las clientas y yo”, dijo a REFORMA la administradora de una panadería ubicada en el Centro de la Ciudad.
Esas mujeres vieron cómo se cerraba la calle Álvaro Obregón a la altura de la Catedral de Culiacán, en pleno Centro Histórico.
Esta es la primera vez que ocurre una situación de esa magnitud en Culiacán, la ciudad que ha sido considerada el epicentro o centro de operaciones del Cártel de Sinaloa, pero que desde la captura de “El Chapo” había disminuido la incidencia criminal, hecho que se ha presumido a funcionarios de seguridad de Estados Unidos.
Apenas el 16 de septiembre Uttam Dhillon, director de la Administración para el Control de Drogas en Estados Unidos (DEA por sus siglas en inglés), llegó por invitación de Gobierno del Estado.
Se le presentaron estadísticas que consideraron positivas y se solicitaron recursos para capacitación y compra de tecnología, y en contra parte se reconoció a Sinaloa como un ejemplo internacional.
Sin embargo, ayer la capital fue sitiada.
El operativo militar contra Ovidio Guzmán terminó con ser el revulsivo para que los grupos paralizaran a Culiacán desde el jueves hasta nuevo aviso.
La Secretaría de Educación Pública y empresas como Coppel suspendieron labores durante este viernes.
Culiacán fue tomado.