Por Dra. Ednna Milvia Segovia Miranda

En el marco del Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia, el ministro presidente Arturo Zaldívar afirmó que a lo largo de los últimos años el Alto Tribunal ha sentado precedentes muy importantes en la defensa de las minorías sexuales; en los cuales se establece con claridad que todas las personas, que todos los seres humanos tenemos la misma dignidad y merecemos el mismo respeto; que la orientación sexual y la identidad de género no hacen diferencia alguna en cuanto al derecho que tenemos todas las personas de gozar de todas las garantías, que nos establece la Constitución.

Y si, es necesario recordar que la cultura se comparte, se transmite, construye idiosincrasiasy se transforma a través del tiempo y del espacio y, que desde hace mucho tiempo, la homosexualidad, la bisexualidad, la transexualidad, el lesbianismo y cualquier expresión de la sexualidad o del género que cuestione los convencionalismos sociales, han sido sancionadas en ámbitos no sólo culturales sino también religiosos, legales y políticos, pues con base en los prejuicios hacia la diversidad sexual se han realizado actos de violencia y discriminación que laceran la dignidad de estos grupos: hemos sido testigos de que las mujeres lesbianas son las más discriminadas pues sufren la opresión del patriarcado como sistema de dominación, mientras que las personas trans, no sólo se enfrentan a la discriminación establecida en todos los ámbitos (como las lesbianas y los gays) sino que, además, no pueden acceder al reconocimiento de su propia identidad, que es distinta a la de su nacimiento; es decir, la desigualdad y violación de la dignidad de las personas debido a su orientación o preferencia sexual y a su identidad de género o expresión de rol de género se manifiesta en actos que van desde las burlas, estereotipos, palabras ofensivas, representaciones caricaturescas, bromas vulgares, exclusión, marginación, hasta agresiones físicas y crímenes de odio por homofobia en sus diferentes manifestaciones. A nivel institucional, la discriminación la podemos observar cuando por ejemplo se les niega la posibilidad de donar sangre, de adoptar niñas o niños o de realizar un proyecto conyugal, o, cuando se les persigue y se les juzga argumentando daños a las “buenas costumbres” o a la “moral pública” o cuando por actos de autoridad se les hostiga, maltrata o se les detiene arbitrariamente.

Por lo que en este sentido, es importante resaltar el compromiso ratificado por México a través del Decreto Presidencial del 21 de marzo de 2014, por el que se instituye el día 17 de mayo de cada año, como Día Nacional de la Lucha contra la Homofobia, destacando la obligación de los poderes públicos federales para llevar a cabo medidas de inclusión e instrumentar políticas públicas contra toda forma de discriminación, incluyendo la homofobia, xenofobia, la misoginia, la discriminación por apariencia o el adultocentrismo. Es imperante garantizar el acceso a una justicia incluyente, igualitaria, eficaz y eficiente, respetar nuestras diferencias desde cualquiera de los ámbitos: el político, el social, el religioso y principalmente desde la educación, se deben impulsar las condiciones para que exista libertad sexual, fomentando los valores de tolerancia y respeto para aquello que en general es diverso.

El ataque frontal a la homofobia no sólo debe pensarse como un cambio de actitud individual sino como una modificación integral y radical de la cultura misógina y heterosexista que prevalece hasta nuestros días; bien podríamos comenzar por cuestionarnos ¿es posible educar para no odiar? ¿Podemos aprender a no ejercer ciertas formas de violencia? ¿En qué sentido podríamos intervenir para que alguien no ejecute un crimen de odio por homofobia?, y, tal vez en algún momento histórico logremos, como aspiraba Simone de Beauvoir, ardua defensora de los derechos humanos, “…ser capaces de amar a una mujer o a un hombre, a cualquier ser humano, sin sentir miedo, inhibición u obligación”.

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