Luis Muñoz Fernández

Hasta hace relativamente poco, las únicas pistas que teníamos para conocer nuestro origen remoto se basaban en los hallazgos de la lingüística y la arqueología. Por ejemplo, en las palabras encontramos señales del indoeuropeo, un idioma común muy antiguo que se hablaba en Eurasia, que se diseminó y evolucionó para dar lugar a los idiomas actuales que hoy se hablan en esazona geográfica y sus áreas de influencia. En “La fascinante historia de las palabras”, Ricardo Soca nos dice:

“Cuando gritamos de rabia o dolor, no importa en qué lengua lo hagamos, recurrimos a vocablos que un día fueron gritados por un guerrero asiático, tal vez desde el lomo de un elefante, por un soldado espartano bajo la espada enemiga o por un legionario romano en los confines del Imperio”.

Hoy, gracias a la capacidad para leer e interpretar la información contenida en nuestro genoma, se están trazando nuevos árboles genealógicos y las rutas migratorias que siguieron nuestros antepasados. La nueva ciencia de la paleogenética (o paleogenómica) ha venido a reforzar, o en ocasiones a rechazar y rehacer, las viejas teorías sobre nuestros orígenes y ha tenido un crecimiento explosivo y sostenido desde el año 2009.

Esta tecnología, que permite leer simultáneamente los genomas completos de los restos de cientos de individuos antiguos, demuestra que la actual población original del norte de Europa fue reemplazada hace algo más de 5 mil años por una migración masiva de pobladores de las estepas euroasiáticas en lo que hoy llamamos Kazajistán.

Aquellos pueblos esteparios –los Botai, los Yamnaya y otros– fueron tal vez los primeros domadores de caballos y los inventores de las carretas tiradas por bueyes. En ellos viajaron para cambiar la composición de la población de Europa y la India. La paleogenómica también demuestra que la agricultura fue inventada en Oriente Próximo hace más de 10 mil años por numerosos pueblos que luego se dispersaron en distintas direcciones.

El panorama que ahora emerge es el de un ser humano en constante movimiento, mezclándose una y otra vez con poblaciones diferentes de la propia. Todos descendemos de una mezcla variopinta de antepasados viajeros.

A la luz de estos estudios, sabemos que las razas puras y superiores no existen ni han existido nunca. El mismo concepto de raza es hoy obsoleto. Hagamos votos para que también acaben desterradas otras ideas que tanto daño han hecho separando y enfrentado a los seres humanos: la de la clase social, la del pueblo elegido y hasta la de la religión verdadera. Cuanto más sabemos sobre el ser humano, más nos damos cuenta que esas distinciones sólo sirven a quienes detentan el poder.

 

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