Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Históricamente, en cada ciclo escolar siempre hay un determinado número de estudiantes reprobados, por diversas razones, pero hay. Es caso excepcional ver un grupo en el que aprueba el 100% de los educandos. Con esto no se quiere decir que sea bueno reprobar; simplemente es cuestión de reconocer que distintos factores inciden en este fenómeno que es inherente al proceso educativo.

En el ciclo escolar 2020–2021, que esta semana concluyó, por vez primera todos los alumnos pasaron, todos los alumnos del subsistema de educación básica aprobaron por acuerdo de la Secretaría de Educación Pública. En primaria y secundaria la calificación mínima (ordenada) fue de 6, independientemente si el estudiante dominaba o no los aprendizajes señalados en los programas de estudio oficiales. Y para mayor seguridad y claridad, la Secretaría subrayó que todos los alumnos, en automático, deben pasar de un grado a otro y de un nivel a otro. De esta forma, para los alumnos que pasaron de un grado a otro, ejemplo, de segundo a tercero, tanto en primaria como secundaria, en estos casos si en el siguiente grado el grupo es atendido por el mismo maestro, hay la ventaja de que éste ya conoce a los alumnos, sabe quiénes dominan los aprendizajes esperados del programa y sabe quiénes tienen rezagos en temas específicos para poderles brindar mayores apoyos con el fin de regularizarlos adecuadamente. Bajo estas circunstancias, hay grandes posibilidades de recuperar, en gran parte, los conocimientos no adquiridos de los alumnos rezagados en el ciclo escolar que acaba de concluir. Pero si es un maestro diferente el que atenderá el grupo, entonces tendrán que pasar varias semanas para que el docente, primero, conozca a los alumnos y sepa la situación socioeconómica de éstos y la de sus familias, para luego darse a la tarea de verificar el desarrollo y los avances académicos de los nuevos educandos; y hasta entonces estaría el maestro en condiciones para atender a cada alumno según sus requerimientos.

Este proceso de conocimiento y de valoración se lleva buen tiempo del calendario escolar, limitando así avances en los nuevos aprendizajes de los alumnos, lo que genera a su vez nuevos rezagos. Peor aún será para los alumnos de sexto que pasaron en automático a secundaria y de secundaria a preparatoria. En estos casos, los maestros son totalmente diferentes; los de secundaria ya no manejan programas de primaria, ni los de preparatoria manejan los de secundaria. En tal virtud, los alumnos que egresaron con buenos aprendizajes no tendrán problemas para continuar sus estudios en el nivel superior respectivo; el problema estará con los alumnos que pasaron de sexto a secundaria y de tercero de secundaria a preparatoria con 6 o con 7 de calificación; éstos sí tendrán severos problemas en sus nuevos estudios porque no tienen los sustentos académicos requeridos; porque son, en la realidad, los reprobados; por tanto, sus estudios serán muy débiles, muy irregulares. Este es el panorama por pasar a todos los estudiantes sin los sustentos sólidos.

Es bueno pasar a todos, aún a los reprobados; porque es un acto de humanidad; además, es una oportunidad más que se brinda a los alumnos irregulares para que continúen y mejoren los estudios. ¿Sabrán aprovechar esta oportunidad? Por otra parte, es malo pasar a todos, porque cuando los educandos se dan cuenta que aún sin mucho esfuerzo aprueban las materias, entonces dejan de estudiar, ya no hacen las tareas, tan sólo esperan aunque sea un 6 o un 7 por orden administrativa. Ante este orden de ideas, la educación demeritará más aún y creo que no es eso lo que esperan los padres de familia y la sociedad en general. Urge, pues, que los responsables de la educación piensen en algo mejor.