Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Expertos y no expertos dicen que por la pandemia las cosas, en adelante, ya no serán igual, que la vida cambiará en muchos sentidos y que, por tanto, tenemos que ajustar nuestra existencia a las nuevas circunstancias. Sin embargo, todo parece indicar que en educación las cuestiones esenciales no cambiarán, todo seguirá igual; y pensar que es el rubro donde la transformación debe ir a la vanguardia.

La Secretaría de Educación, bajo el mando de la maestra Delfina Gómez, no ha logrado definir cómo afrontar los grandes retos que implica el nuevo ciclo escolar 2021 – 2022, en el contexto de la pandemia por COVID-19 y sus variantes. Esta semana inició La Fase Intensiva del Consejo Técnico Escolar, a nivel supervisión; la semana entrante será con  directores de las escuelas de preescolar, primaria y secundaria; y después con los maestros. Durante estas semanas, seguirá la clásica capacitación en cascada como se ha venido haciendo por décadas. Esta capacitación en cascada tiene la ventaja de ser económica, en cuanto a costos; pero tiene la enorme desventaja que el contenido de los cursos se va desvaneciendo en las etapas, a grado tal que a los docentes y alumnos la información ya llega empobrecida y distorsionada.

Los cursos intensivos, en sí, son más de lo mismo; la guía de trabajo es la misma de los últimos 20 años: en cada escuela, el colectivo docente formula un Programa Escolar de Mejora Continua (PEMC). Para ello, el Consejo Técnico hace un diagnóstico integral de la escuela; destaca las condiciones físicas del plantel, de la limpieza, higiene  y salud; reflexiona sobre los aprendizajes fundamentales logrados o no; diseña un plan de atención para el periodo extraordinario de recuperación; y, finalmente, establece objetivos, metas y primeras acciones del Programa Escolar de Mejoramiento Continuo.

Esto se ha hecho por años; pero la escuela no se transforma, no cambia, no mejora, y en algunos casos empeora. Por ejemplo, en el Plan se establece abatir la reprobación escolar y resulta que al finalizar el ciclo lectivo aumenta, considerablemente, la reprobación; también se establece evitar el abandono escolar y asegurar que el 100% de los alumnos inscritos permanezcan en la escuela estudiando, pero durante el año la deserción es pavorosa. Estas cosas pasan por falta de seguimiento y porque no se toman en cuenta los factores externos que están fuera de control del plantel; por tanto, románticamente se establecen objetivos, metas y acciones, como si todo dependiera del interior de la institución; en otros casos, el Plan se formula tan sólo para salir del paso y nadie se hace responsable de su cumplimiento; quedando lo diseñado en papel. Lo mismo sucede con los propósitos para mejorar las condiciones físicas de la escuela y de adquirir enseres; la institución no cuenta con recursos para estos fines y las autoridades competentes que deben brindar apoyos, al respecto, cada vez ignoran más las necesidades de la escuela. De esta forma, es difícil que el Programa Escolar de Mejora Continua, diseñado por el Consejo Técnico Escolar, cumpla con sus propósitos. Si en condiciones normales ha sido difícil cumplir con los objetivos y las metas, será más difícil ahora con la pandemia por COVID y sus variantes; por lo que se requiere repensar en el fondo y en las formas del trabajo  educativo.

Las autoridades de los distintos niveles se dan cuenta de esta situación, pero hasta el momento no han dado luces de cambio. Sería bueno que asimilaran lo que dice el pueblo sabio “el que camina por la misma vereda, siempre llegará a los mismos parajes”. Habrá que buscar, pues, otros atajos. Mientras tanto, los docentes tenemos que seguir haciendo esfuerzos para mejorar la educación hasta donde nuestras capacidades individuales lo permitan.