RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

En días pasados escuché unas declaraciones del ex presidente Felipe Calderón y creo que en la esencia de sus palabras tiene razón en el asunto de la actitud del presidente Donald Trump. Creo que ya pasó el momento de las declaraciones en este país. Ya dijimos todo lo que hay que decir. Ya se habló en términos reales de la soberanía, de la dignidad, del respeto, etc. Todo eso está muy bien. Ese es el marco verbal. Pero ahora faltan las acciones concretas. ¿Qué estamos haciendo en relación con la hostilidad abierta del nuevo gobierno de los Estados Unidos? Ya hubo una, cuando el presidente Peña informa que asignó mil millones de pesos a los Consulados en Estados Unidos que así lo requieran, para convertir estos Consulados en oficinas protectoras de los derechos de los migrantes, lo cual está muy bien para los migrantes, pero es una acción que no tiene nada que ver con la impunidad con la que se está moviendo el gobierno de Donald Trump, y sobre todo la naturaleza del fenómeno, pues no se puede convivir con alguien que le esté negando su misma condición de estado libre, soberano, con los mismos derechos jurídicos internacionales que él. La igualdad entre las naciones es el fundamento básico de la convivencia internacional en el siglo XXI. No pueden imponer condiciones de guerra cuando no han declarado la guerra. Y por guerra hablo de invasiones, bombas, soldados, tropas, etc. No estamos en las mismas condiciones de Japón en 1945, aunque Trump nos trate como si lo estuviéramos. No estamos aquí para que venga un pro cónsul y nos imponga un gravamen y un tributo como si fuéramos una comunidad de siervos frente a un señor feudal. Eso no. Ese es el verdadero asunto. Y hay que demostrar que este país puede tomar decisiones. Felipe Calderón propone una: Dejen de revisar los tráileres que van a la frontera. Problema de ellos si hay droga o no. Estoy de acuerdo. Pero propongo otras: Vamos a suspender la cooperación en materia del narcotráfico con la DEA. Que todos los agentes de la DEA se vayan de México. ¡Todos! Y de paso los de la CIA también. Y que la oficina alterna que se abrió aquí, que es la segunda embajada americana, no se le reconozca estatus de representación oficial. Porque hay una Oficina de Intereses Binacionales. ¡Pues ciérrenla! Si no hay interés Binacional, ¿Para qué se quiere una Oficina de Intereses Binacionales? Que en el centro de operaciones de Iztapalapa le apaguen las pantallas a los vuelos que están siguiendo la droga desde Colombia y el Caribe por cielos mexicanos. Que les apaguen los drones cuando pasen por México. A ver si entonces entienden que hay necesidades de cooperación, y necesidades de cooperación que se manifiestan en formulas de colaboración ¡que ellos mismos propusieron e impusieron!, desde el tiempo de Felipe Calderón. Él aceptó todas esas cosas. Y una más, la más sencilla de todas: Que le quiten la alambrada al camellón del Paseo de la Reforma, enfrente de la embajada de los E.U. y que devuelvan las calles que la circundan, ¡pues ya se las agenciaron! Hay que recuperar esas calles en la Ciudad de México, y que la embajada la cuiden los de adentro, no los de afuera. Que quiten esos letreros que dicen en inglés: “Prohibido tomar fotografías”. ¿Por qué un mexicano no puede tomar fotografías en la calle de su ciudad? Quítenles todo eso como una muestra de que estamos enojados. Y después ya veremos cuál es su reacción. Pero por lo pronto hay que dejar de protestar por el muro que todavía no se construye allá. Mejor tírenles el muro que ya construyeron en la Ciudad de México en Paseo de la Reforma, entre Río Sena y Río Papaloapan.

La filtración de una parte de la entrevista telefónica de Peña y Trump alertó a los mexicanos, con eso de la invasión de las tropas americanas para hacerle frente a los “bad hombres”. Habrá sido en broma o habrá sido en serio lo que dijo Trump, pero eso generó comentarios muy agrios en la población. Después de eso dijeron que ya no hablarían de esto en público, pero el comunicado de la Casa Blanca no dice que no van a seguir hablando de eso en público, lo dice el comunicado mexicano pero el comunicado de los Estados Unidos no lo secunda. La realidad es que nuestros vecinos no van a entender, va a haber represalias. Y si no estamos dispuestos a soportar las represalias, no estemos dispuestos a defender eso que llaman la dignidad, la soberanía, el honor de la patria. Todo tiene riesgos, todo tiene costos. Quedarse callado también es un costo.

La majadería que le hizo Trump a Peña, para amenazarlo de que si en la visita que ya tenían agendada, no iba a tratar lo del muro, mejor no fuera, es sólo la primera pues se prevé que va a haber muchas más, por lo tanto hay que aplacar o por lo menos exigir respeto a una relación bastante antigua, y por demás compleja entre ambas naciones, que no puede quedar borrada de un plumazo por la llegada de un imprudente al poder del país más poderoso del mundo. ¡Eso es lo que hay que defender! Es algo casi elemental. Estas cosas se negocian. Es lo que se llama la cláusula de que no haya sorpresas. Es un principio sagrado, ¿está en la Constitución? No, claro que no, pero es una práctica común en las relaciones internacionales y en las negociaciones, cuando se negocia un encuentro, que no haya sorpresas. Parecería que en este caso se le están pidiendo peras al olmo, y como no se las podemos pedir entonces se deberá preferir darse un tiempo para que este tipo de problemas le sucedan a otros, a los chinos, a los ingleses, a los francés cuando vayan, etc. Sin duda Trump es un buleador profesional que está pegándole de coscorrones a México con estas “sorpresas”, que la verdad ya ni lo son tanto, y con ello está mandándole mensajes a todo el mundo.

La realidad es que la política así es. A veces en condiciones muy desfavorables, pero siempre hay que buscar herramientas de negociación diplomática, así sean retiros de embajadores, consultas, cartas diplomáticas y notas diplomáticas de protestas. Hay muchas cosas que se pueden hacer y decir, menos salir corriendo.