Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

(Nota: Esta película se exhibe en cartelera comercial y se incluye en este espacio por su naturaleza analítica y observadora del fenómeno cinematográfico, pero es responsabilidad del espectador si decide asistir a una sala cinematográfica ante la contingencia sanitaria que impera).

Un emotivo Multiverso de la locura.

Dan Kwan y Daniel Scheinert, conocidos en el mundillo cono los “Daniels”, son un binomio creativo que apunta a la amalgama de idiolectos muy curiosos como Michel Gondry (“Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos”), Charlie Kaufman (“El Ladrón de Orquídeas”) o las hermanas Wachowski (la tetralogía “Matrix”) para coordinar esfuerzos narrativos con resabio a exotismo pero núcleo propositivo, ya sea en cortometrajes, videos musicales o su ópera prima, esa oda al amor necrofílico titulada “Un Cadáver Para Sobrevivir” con la inverosímil pareja de Paul Dano y Daniel Radcliffe, este último en calidad de cadáver. “Todo en Todas Partes al Mismo Tiempo” consolida una visión aún mayor que su debut, abandonando la modestia de aquella producción sin perder un gramo de honestidad en su propuesta, apoyados por los hermanos Anthony y James Russo (“Los Vengadores: El Fin del Juego”), explotando un tema muy fresco y en boga precisamente por su excesivo uso en los filmes de Marvel: el Multiverso. La diferencia es que los Daniels lo trabajan con una sensibilidad lo más cercano a cierta realidad científica con sendas inoculaciones de drama, humor y sentimiento que hacen de la cinta algo único.
Michelle Yeoh protagoniza, con un rol que muestra las complejas aristas histriónicas que posee en el papel de Evelyn, una inmigrante china en Estados Unidos que no ha cumplido sus sueños y se dedica a pasar su gris existencia en regentear una lavandería junto a su bondadoso pero poco decidido esposo Waymond (un resucitado Ke Huy Quan, quien retorna a la pantalla después de su estrellato infantil con “Los Goonies” e “Indiana Jones y El Templo de la Perdición”), y lidiando con la adolescencia de su hija Joy (Stephanie Hsu), quien desea presentarle a sus padres y abuelo (James Hong) a su novia. Entre fricciones familiares y problemas con una severa recaudadora de impuestos (una delirante Jamie Lee Curtis), Evelyn descubre el Multiverso, con su cantidad infinita de realidades alternativas en las que habitan diferentes versiones de sí misma, cada una dotada de sus respectivas capacidades y éxitos, siendo la que nos ocupa la más fracasada de todas y, por ironías del guion, la única esperanza para salvar a la humanidad de la amenaza de Jobu Tupaki, alias la Joy de una realidad alterna, una villana motivada por la amargura y el rencor que decide condensar en una dona todo el conocimiento del mundo para así extinguirlo. Todo el desarrollo es de verse para creerse: una sucesión estrambótica de escenas donde se armonizan espléndidamente la ciencia ficción, secuencias de pela de primer orden, drama, comedia, música y suspenso, sirviéndose de un montaje frenético que lanza su información y gags visuales a tal velocidad que obligan al espectador a retener cualquier parpadeo.
La cinta trasciende al no conformarse únicamente con su festival visual, pues concatena toda su parafernalia con una exploración emotiva sobre el ser, la existencia, la razón de ser y los lazos familiares empleando un método que dosifica la introspección y el simbolismo entre policromía y artes marciales (las escenas de la protagonista reflexionando sobre su rol como madre y esposa conmueven aún sumergidas en una serie de escenas absurdas) en comunión con un excelente cuadro de actores y que lega interesantes reflexiones sobre lo que una persona puede y debe renunciar para alcanzar la realización personal, confiriendo a esta cinta como un título de culto de facto en este o cualquier otro universo.

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