Saúl Alejandro Flores

Estimado lector, parece que ninguna noticia para el presente ni el futuro próximo o lejano parece alentadora en ninguno de los rubros, sea salud, desarrollo económico, inversiones, relaciones sociales, educación, etc., y no podemos omitir el tema que corresponde a esta columna que es el agua. Ustedes habrán visto en algún documental respecto al momento en que se presentará un tsunami, éste se encuentra precedido por que el agua de la playa se retira para luego ser arrojada en miles de metros cúbicos con una fuerza de destrucción colosal, pues lamento decir que el sector agua en efecto no es la excepción.

No debe culparse a la pandemia o cualquier otra cosa en particular, el problema es heredado por décadas, como un efecto dominó, que de manera consecutiva las fichas vienen cayendo y empujan a la otra, debo precisar que tampoco pretendo de manera barata o fútil culpar a administraciones pasadas, pues afortunadamente existen algunas que han hecho las cosas de buena manera pero este número no es alentador en un universo de más de dos millares de municipios, comparado con un poco más de una decena de organismos prestadores de los servicios de agua ejemplares.

Estos pocos organismos suele decirse han hecho la tarea, además en su momento existió la visión política de un gobernador o presidente municipal, acompañado de una sociedad civil organizada que fue parte del proyecto, este esfuerzo por eso precisé ha existido y son antecedentes de lo que debió de hacerse, pero podríamos preguntarnos ¿Por qué si han sido exitosos no fueron replicados o adaptados esos modelos en otros municipios? Por la sencilla y lamentable razón de que la visión de gobernadores y alcaldes, y los bajos perfiles de los responsables del agua en cada municipio, no les daba para más, aunado a que vienen impregnados con una contaminación política que les interesa catapultarse a otra candidatura y no una trayectoria técnica. También existen los casos en que los titulares simplemente han sido miopes.

Lo que se ha denominado Arquitectura Institucional del Agua con sus pilares de fortaleza financiera, normativa y técnica, nunca se le dio empuje, así que esos pocos que entendieron la conformación y consolidación de esa arquitectura del llamado: “subsector agua potable” esos organismos pueden hacer frente con dificultades, pero sortearán los efectos complicados de la postpandemia.

Es una salida fácil citar los lugares comunes de que ha sido omisión de administraciones pasadas, dado que al inicio de esta administración federal ya se advertía de la importancia de romper esa área que resistía a cambiar del sector de los servicios de agua, abandonar el tradicional modelo clientelar, en aras de una eficiencia, pero todo indicaba que la actual administración federal aspiraba a emular los modelos de hace medio siglo, retomar los años 70, incluso a retroceder, y así fue, el primer aviso con la iniciativa del senador Batres, que volvería inviable los servicios, dada esa visión corta y del tufo ideológico que marca tanto a los de una categorización fatuamente desgastada de llamarse de derechas o izquierdas que para nada sirve, sólo para atontar y venderse como producto mercadológico.

Luego entre otras cosas, vimos las medidas “populistoides” ni siquiera populistas, sino más degradadas, que provocaron un debilitamiento de las instituciones y de la propia autoridad del agua que exhibió sus fisuras con el conflicto en los estados fronterizos al negarse a cumplir con los tratados internacionales, así como los trasvases a los otros estados, la dilución de la autoridad federal del agua fue dramática, luego con los vaivenes de las iniciativas de Ley General de Aguas, que han adolecido de confrontación fáctica y de ser verdaderos instrumentos jurídicos de solución de conflictos y de desarrollo de la calidad de los servicios.

Un tiro de gracia es la extinción de fideicomisos, que allana el camino al colapso de las pocas esperanzas de mejorar, ya que afectan el desarrollo científico, tecnológico, educativo y a los proyectos de infraestructura y adecuación al único modelo que garantizará a México salir adelante como son las energías renovables, apostar a los hidrocarburos es retroceder siglo y medio, además de la aniquilación del FONADIN. El panorama reitero no es halagüeño, alternativas no hay, sólo una, pero esa no existe en la brújula de la actual administración federal. Recuerden amables lectores la importancia de ser sensatos en emprender acciones que permitan que en México y Aguascalientes, el agua nos alcance.

Comentarios: saalflo@yahoo.com