Tiempos superpuestos

Por J. Jesús López García

La ciudad de Aguascalientes no está muy distante de cumplir 450 años, y en ese lapso ha transitado de un precario asentamiento en el siglo XVI a Villa, y finalmente a ciudad capital. Su imagen a través de ese periplo cambia y las percepciones solamente un reflejo de los modos de vida que se dan simultáneamente en una urbe cada vez más compleja, pues la vieja Villa tenía una fuerte raigambre agrícola y la ciudad actual posee una vida económica de base industrial que refuerza indudablemente el carácter urbano.

Es común ver en nuestra ciudad la superposición de tiempos y modalidades en el hábitat, que se manifiestan en la traza de las calles, en la forma y dimensiones de los edificios y en las maneras múltiples de vivir en una capital como la nuestra. Tal vez nos parezca común presenciar este paisaje realizado a partir de numerosos recortes de ciudades diferentes, pero si observamos las perspectivas de las calles y ponemos atención a sus vistas, nos daremos cuenta de algunas viñetas muy interesantes, como la perspectiva que puede apreciarse caminando por la calle Vicenta Trujillo, viniendo del Encino hacia José María Chávez, donde alejándose de una zona de casas bajas alineadas a su paramento , y de apariencia tradicional, observamos un edificio de apartamentos reciente y de volumetría sugestiva que se eleva varios niveles sobre las fincas vecinas, sus formas al igual que sus dimensiones completamente diferentes a los de su entorno, y todo ello encerrando una forma de habitabilidad doméstica completamente actual.

Edificios de apartamentos en la zona hay muchos y algunos de ellos ya con varias décadas a cuestas y probablemente en su tiempo también dieron a ciertas vistas urbanas la novedad con que se encuentra uno al caminar por ahí, pero es que lo actual hay que valorarlo cuando surge pues tenemos una memoria volátil los habitantes de las ciudades y nos acostumbramos a tal velocidad que aquello que nos suscitó curiosidad termina por ser parte habitual del paisaje.

Las ciudades no es que parezcan “collages”, son verdaderas composiciones con base en secciones que van componiendo una imagen a través del tiempo, configurando y reconfigurando formas, añadiendo o quitando acentos. Esos recortes pertenecen a tiempos, idiosincracias, tendencias arquitectónicas, influencias locales o foráneas, compendios de modos de construir y de habitar, en fin son sumas de fragmentos donde cabe de todo, y el resultado siempre cambiante, a veces es anodino y en ocasiones emocionante, y finalmente, eso es testimonio de una ciudad que vive a diferentes ritmos.

Tal vez en Aguascalientes no tengamos la superposición tan rica en tiempos históricos como ciudades de la talla de Ciudad de México, Roma o Londres, ni la pulsión de cambio vertiginoso de urbes como Chicago, Nueva York, Hong Kong o de Dubai, pero aun así poseemos estas vistas atrayentes impensables tan sólo hace pocas décadas y que nos hace reflexionar que la ciudad cambia y que en no ser la misma, radica parte de su riqueza.

Es natural que muchas cosas se modifican en las metrópolis y siempre es interesante atestiguar esas transformaciones. Desconocemos si las casas que se encuentran en primer plano vayan a perdurar en el tiempo o desaparezcan para dar paso a otro tipo de construcción, como el edificio alto del fondo, pero en tanto permanezcan sirven de contrapunto arquitectónico, urbano e histórico, al presente que busca siempre diferentes maneras de desplegarse, y que en la arquitectura tiene un potente vehículo para hacerlo, como en tantas ocasiones en que ha irrumpido en diversos lugares, a veces aún con el rechazo de amplios sectores del público como la torre Eiffel en París, más el tiempo que todo lo mitiga sigue superponiéndose en las ciudades a través de edificios que hablan de tiempos diferentes y que entre sus vecinos terminan por contar una narración común.