Por: José Carlos Romo Romo

Estimado lector, el pasado jueves conmemoramos el aniversario 104 del inicio de la lucha armada que dio pie a la denominada “Revolución Mexicana”. Esta fecha importante para el calendario cívico nacional sirvió para que muchos mexicanos salieran a las calles, una vez más, para exigir justicia en el caso de los desparecidos de Ayotzinapa, Estado de Guerrero. Decenas de manifestaciones se dieron en todo el país, en donde participaron estudiantes, trabajadores, agrupaciones sociales y la misma sociedad civil. Aguascalientes no fue la excepción y se tuvo una congregación de alrededor de dos mil personas que marcharon de manera pacífica hasta la Plaza de Armas.

A raíz de los momentos de convulsión social y deterioro institucional que vive el Estado mexicano, muchas voces han hecho un llamado a gestar un nuevo movimiento revolucionario en nuestro país. Y en ello estoy totalmente de acuerdo. Es tiempo de que México vuelva a evolucionar, es tiempo de que el país se mueva hacia la dirección correcta, siguiendo el rumbo que la mayoría de los mexicanos queremos. Necesitamos, pues, una nueva revolución, pero no una de carácter violento ni mucho menos por la vía de las armas, sino una que la detone la libre expresión de las ideas, el diálogo abierto y el consenso social.

Necesitamos revolucionar a México para que sea un país de ciudadanos comprometidos con su propio destino y el de la nación, sí, con un amplio sentido crítico de los asuntos públicos pero con un mayor ímpetu para proponer y concretar acciones en beneficio de los demás, un país de instituciones limpias, confiables y eficaces, tanto públicas como privadas, dirigidas por mexicanos con un alto sentido de su responsabilidad y compromiso con México, un país en donde los conflictos puedan ser resueltos sin caer en la tentación de las descalificaciones y el uso de la violencia física o verbal.

Es momento de una nueva revolución, pero de corte ideológico, donde el debate público sea el presupuesto fundamental de las políticas públicas y exista una genuina participación ciudadana en la toma de las decisiones gubernamentales. Requerimos una nueva revolución, cien por ciento nacionalista, que provoque que cada uno de nosotros vivamos permanentemente enamorados de nuestro país, su historia, su cultura y su gente, estemos confiados de su futuro y seamos capaces de transmitir ese sentimiento a nuestra familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo o de escuela y a cualquier persona que pudiera dudar de la grandeza de México.

Nuestro país demanda una revolución con alto contenido de optimismo, con la cual dejemos de estar lamentando y asignando culpas de todas las situaciones adversas que experimentamos día con día, propias y ajenas, en vez de involucrarnos en una dinámica de trabajo y preparación constantes para proveernos de los medios, materiales e intelectuales, necesarios para una mejor calidad de vida para nosotros mismos y nuestras familias, pensando en las contribuciones que podemos hacer a nuestra sociedad como jóvenes, como padres de familia, como profesionistas o simplemente como agentes de un cambio social, tomando a la congruencia y al esfuerzo permanente como principios rectores de nuestra vida cotidiana.

México requiere de nuevos caudillos, mexicanos que luchemos por banderas como la justicia y la equidad social para todos, viendo por el bienestar colectivo y no por el de solamente ciertos grupos afines a mi identidad ideológica o política, mexicanos que seamos congruentes entre nuestras demandas y nuestras acciones, que despertemos la conciencia social siempre y cuando sea a través de expresiones genuinamente ciudadanas y bien intencionadas, sin motivaciones políticas o económicas, mexicanos que estemos dispuestos a sacrificar algo de nuestras vidas por el bien vivir de nuestros hermanos mexicanos.

Estimado lector, le invito a reflexionar con serenidad las circunstancias por las que actualmente transita el país. Hoy, más que nunca, necesitamos apostar por la unidad nacional y la solidaridad ciudadana para revertir la espiral de sucesos negativos que han lastimado al país, en su ánimo interior y su percepción al exterior. Nadie gana con debilitar a México. Analícelo y se dará cuenta de que es tiempo de una nueva revolución en México, una en la que los ciudadanos seamos protagonistas de un cambio de fondo, no en cuanto a leyes e instituciones necesariamente, pero sí de actitudes y compromisos para con el país.

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y atención. Lo espero, una vez más, el próximo sábado.

 

Correo electrónico: carlosromo38@hotmail.com

Twitter: @josecarlos_romo