Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

En los próximos días se harán las evaluaciones, en educación básica, con miras de concluir el ciclo escolar 2021-2022. Las evaluaciones de este año lectivo serán de especial importancia; porque, por una parte, en ellas se verán los reales avances de los educandos en sus aprendizajes; y, por otra parte, se reflejarán los impactos negativos  de la pandemia, ya que se evidenciarán las deficiencias que subsisten a pesar de los esfuerzos que los maestros desplegamos en el proceso enseñanza-aprendizaje durante este periodo. Los avances logrados serán determinantes para las calificaciones de los estudiantes; y las deficiencias o rezagos que se detecten serán materia para la retroalimentación desde el inicio del próximo ciclo escolar, siempre  y cuando exista la intención de mejorar la educación.

Si tan sólo evaluáramos para calificar a los alumnos y llenar las boletas con números de 6 al 10, entonces sería muy limitado el significado de evaluación; ya que el verdadero mérito y lo trascendental de la evaluación está en la retroalimentación que se hace para superar las deficiencias que se detectan en ella. En otras palabras, la evaluación no se limita en ver quién aprueba y quién reprueba; sino que, lo fundamental, es plantearnos qué hacer, como profesionales de la educación, para que el reprobado también aprenda y logre aprobar, aunque sea poco después. Por lo tanto, cada uno de nosotros, los maestros, al evaluar a nuestro grupo debemos tener claro cuáles  aprendizajes relevantes quedaron endebles y cuáles quedaron en blanco, para poder regularizar, con toda propiedad, a los educandos que así lo requieran. Si este ciclo escolar concluyó y ya no hay margen para retroalimentaciones, los datos que se recaben serán de gran utilidad desde el inicio del próximo ciclo escolar y en adelante, toda vez que la retroalimentación es un proceso permanente para la mejora continua. Si para 2022-2023, el grupo fuera atendido por otro maestro, a él se le entregarían los resultados de la evaluación (de este fin de año) para que tenga conocimiento de los avances y de los estancamientos del grupo y, con base en esta información, pueda regularizar y mejorar los aprendizajes de todos los alumnos; y si el mismo maestro sigue atendiendo al grupo, en el siguiente grado, él mismo tendría los datos para superar los rezagos y elevar la calidad de los servicios. Si esto lo hiciéramos, sistemáticamente,  en cada ciclo escolar y los maestros asumiéramos el compromiso de un mejoramiento continuo, mediante la retroalimentación, sería la estrategia pedagógica que nos pudiera llevar hacia la calidad o hacia la excelencia educativa que tanto se dice.

Ahora bien, para que esta estrategia pedagógica cobre realidad, se requiere que todo el sistema escolar del estado funcione y funcione bien. Así como el maestro, que  cada director promueva la evaluación formativa y permanente en las aulas de su escuela y sistematice los datos de los grupos bajo su responsabilidad, para tener siempre presentes los avances y las deficiencias que deben atenderse, puntualmente, hasta observar mejorarías tangibles. El supervisor haría lo mismo en las escuelas que conforman su zona de gestión educativa, con apoyo de los asesores. Y, es función capital de las autoridades educativas del estado, coordinar y apoyar estos esfuerzos pedagógicos en todas las zonas y en todas las escuelas de la entidad. En síntesis, si todo el sistema escolar de la localidad funciona con el mismo objetivo común de mejorar la educación, estamos seguros que se tendrían resultados trascendentales.

Dicen los expertos en educación que “lo que no se mide, no se puede mejorar”. Entonces, si queremos mejorar nuestra educación hagamos una evaluación que nos proporcione  todos los datos que se requieren para elevar la calidad educativa de niños, adolescentes y jóvenes de Aguascalientes.

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