Por Juan Pablo Martínez Zúñiga

De “Dios del Trueno” a “Rey de la Comedia”

Si en los cómics de Marvel, Thor era un personaje embellecido por el elocuente y barroco arte de Jack “El Rey” Kirby, solemnizado por la verborrea anacrónica tomada directamente por Stan Lee (su creador) de cualquier cosa que Shakespeare haya escrito, en el cine era tan solo el brazo fuerte capaz de sujetar al mitológico martillo Mjolnir de Los Vengadores, añadiendo sex appeal en bruto balanceando el adorable sarcasmo de Tony Stark, la galanura a la vieja escuela del Capitán América y el políticamente correcto toque afroamericano de Nick Fury. Esto significa que el personaje también estaba desprovisto de alguna personalidad o psicología que rebasara su linaje asgardiano como Dios del Trueno heredero al trono y perennes conflictos consanguíneos tanto con su padre Odín (Sir Anthony Hopkins) como con su hermanastro Loki (Tom Hiddleston), su antagonista por antonomasia. Hasta ahora.
“Thor: Ragnarok”, la más reciente producción de Marvel protagonizada por el blondo personaje, es dirigida por el neozelandés Taika Waititi, quien se diera a conocer por un humor de suave acidez donde mostraba talento para el timing cómico en su falso documental “Entrevista con unos Vampiros”, así como en su áspera pero conmovedora “Hunt for the Wilderpeople”, sobre la relación forzada entre un niño y su tosco tío e inédita en nuestro país hasta el momento. Su elección como creativo para esta tercera entrega era un movimiento osado por parte de una compañía comiquera que a su vez forma parte de una corporación (Disney) adversa a la propuesta o los cambios drásticos en el contenido (recordemos el despido de directores con perfiles similares a los de Waititi como Edgar Wright, Phil Lord y Christopher Miller ya fuera en proyectos para Marvel o “La Guerra de las Galaxias”), pero indudablemente necesaria ante la ya mencionada ausencia de elementos que no permiten distinguir a Thor más allá del fulano súper fuerte considerado el único digno de ostentar su mazo mágico. La apuesta creativa ha rendido sus frutos y esta película no sólo es la mejor en la trilogía, también es una comedia desembarazada y sin concesiones que parece poner en riesgo en cada escena de transformar al Dios del Trueno en un bufón, pero sus reacciones humorísticas y diálogos chuscos siempre encuentran el límite justo para profundizar en su psique como nunca antes, sumándose a todo un proceder que busca hacernos reír mucho más que el emocionar o apabullar la pupila con efectos especiales (aunque de éstos sigue habiendo a mares) en un delirio neón y multicolor que hay que ver para creer. Es como una comedia parida en los 80’s olvidada por el tiempo, y en este caso eso es algo bueno.
La historia procura abarcar diversos puntos argumentales, siendo el elemento básico el regreso de Thor (Chris Hemsworth) a Asgard sólo para verlo gobernado por Loki, quien ha enviado a Odín a Noruega mediante hechizos. Ahí, El Padre de Todo les informa que el Ragnarok (básicamente el apocalipsis de la mitología nórdica) está por llegar de la mano de Hela (Cate Blanchett), su primogénita y Diosa de la Muerte. Una vez que arriba, tratan de detenerla pero sólo logran dispersarse en el cosmos hasta llegar al planeta Sakaar, gobernado por el Grandmaster (Jeff Goldblum) quien entretiene al pópolo con batallas en arenas a la vieja usanza romana. Thor es obligado a enfrentarse a Hulk (Mark Ruffalo), quien se encuentra en dicho mundo desde hace meses y ha consolidado su posición como el campeón imbatible de los violentos juegos. Al final harán equipo junto con Valquiria (Tessa Thompson), la cazadora del Grandmaster, Heimdall (Idris Elba) desterrado de su puesto de vigilancia en el puente Bifrost que conecta a los nueve mundos y el mismo Loki para derrotar a Hela, quien busca apoderarse de Asgard junto a un poderosos ejército.
No existe balance en la construcción narrativa de la cinta, pues desde un inicio queda perfectamente claro que la intención es realizar una comedia empleando personajes que, la verdad sea dicha, se prestan exquisitamente para ello, contrarrestando la usual solemnidad del personaje y generando risas a sus costillas (queda muy claro que la mofa será a su costa a la quinta ocasión que debe convulsionarse por descargas eléctricas). Por supuesto, no todo el público quedará satisfecho con ésta tónica y probablemente no comprendan la intención de Waititi por realizar una farsa de la concepción ultrarrealista que Christopher Nolan heredó a la hechura de cómics en pantalla grande (lo que tampoco denosta su naturaleza), pero para aquellos con sentido del humor y sensibilidad relajada la cinta es un gozo, una humorada bien calculada que se deja disfrutar sin mayores pretensiones, aún si la villana es, una vez más, de cartulina en cuanto motivaciones y presentación sostenida tan solo por llevar la piel y rostro de la siempre cumplidora Blanchett; y Jeff Goldblum interpretando, una vez más, a Jeff Goldblum. “Thor: Ragnarok” es, sin lugar a dudas, uno de los entretenimientos más solventes y sin remordimientos de todo Marvel.
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