IcebergPor: Itzel Vargas Rodríguez

Ernest Heminway habló en “Death in the afternoon” sobre cómo la punta del iceberg no es la totalidad de lo que representa, en este caso él hacía énfasis en su propia teoría sobre la escritura… teoría que luego fue replicada a muchos campos de estudio y práctica, entre ellos los análisis sobre el inconsciente de la mente humana.

Esta metáfora, también llamada teoría de la omisión (por la gran cantidad de información que se deja de lado), aplica muy bien al tema de los derechos humanos en nuestro país.

Hace pocos días atrás, salió a relucir nuevamente un tema que había sido de alguna forma olvidado y que refiere a la muerte de 22 delincuentes a manos de fuerzas armadas mexicanas en Tlatlaya, hace aproximadamente tres meses atrás, pues según investigaciones posteriores hubo muchas irregularidades en el procedimiento que luego arrojaron la detención de 7 militares y un oficial.

En Iguala, Guerrero por otro lado, miembros de la seguridad municipal asesinaron y hasta destazaron a jóvenes protestantes normalistas. El alcalde de ahí, de una forma o bien cínica o bien un tanto pazguata, afirmó que de dicho ataque no sabía nada, pues él estaba en una fiesta.

En fin, ya son varios los estudios provenientes de organismos internacionales y asociaciones civiles los que aseguran que los derechos humanos en México, son constantemente violados y maltratados. Y dos casos como estos, nos sirven como la mejor muestra para ejemplificar.

El punto grave o álgido aquí, es la demostración de que la violencia está proviniendo desde las mismas instituciones cuya finalidad es procurar la seguridad, paz y bienestar público. Y tanto es un problema institucional, como también lo es cultural, porque el tema del combate al crimen después de tantos años en los que el país ha vivido constante violencia e inseguridad social, ahora está generando formas propias de criminalidad, en donde al parecer el tema de la paz social está pasando a segundo término.

El crimen, el combate al crimen, la narcoviolencia, homicidios, asesinatos, destazados y todos los sinónimos con los que se ha categorizado tanto política como mediáticamente los actos violentos que suceden en el país, están afectando fuertemente el ser y accionar de los mexicanos. Cada vez más, se disipan los agresores entre los victimarios, y los roles se intercambian constantemente. A unos les toca la violencia y son víctimas, pero luego les toca violentar y son agresores. Las consecuencias nefastas van desde la muerte, hasta el mismísimo bullying o ciberbullying. Y en el camino de ocurrir todo esto, el respeto a los derechos humanos es una acción que literalmente se pasa por “el arco del triunfo”.

Pareciera que México sólo escucha las recomendaciones en la materia pero no acciona al respecto. Me viene a la mente la Convención iberoamericana de Derechos de los Jóvenes, que aún no se ha ratificado y que podría jugar un papel importante en el respeto a la vida de los jóvenes, previniendo lo que le pasó a aquél, que fue despiadadamente destazado de la cara en Iguala.

Pareciera que en todo este barullo el tema de “educar para la paz” y no en la “prevención de la violencia”, con toda seguridad también no se toma en cuenta, y esto marca una gran diferencia entre las acciones reactivas hacia la violencia, que dicho sea de paso generan más violencia, y las acciones preventivas surgidas desde la educación que retomen nuevamente a la paz, como un valor fundamental.

Toda esa violencia, vivida y percibida por nuestra sociedad se ha ido acumulando con el tiempo, los años, los días… y es aquella parte oculta del iceberg que se manifiesta a diario en acciones de violencia que tienen cada vez más aristas y fuentes de origen: narcotraficantes, policías, niños, jóvenes.

Tenemos ya un sólido inconsciente formado de violencia pura que está olvidando lo que es la paz y el bienestar social.

itzelvargasrdz@gmail.com / @itzelvargasrdz