Sergio Alonso Méndez

La Noticia:

Un tribunal de la ciudad china de Dandong sentenció a 11 años de prisión por espionaje al empresario canadiense Michael Spavor… (bbc.com).

Comentario:

Apelar una sentencia penal en China… ¡está en chino! Esto lo acaba de confirmar el ciudadano canadiense Robert Lloyd Schellenberg quien fue detenido en 2014 y fue acusado de tráfico de metanfetaminas. Luego del juicio fue sentenciado a 15 años de prisión. En fecha reciente se le ocurrió apelar la sentencia mostrando nueva evidencia de su inocencia. ¿Qué pasó? En el nuevo juicio, durante el cual no se presentó nueva evidencia en su contra, el tribunal decidió que la sentencia anterior había sido muy suave y le impuso… ¡la pena de muerte!

¿Así se las gastan los chinos? No necesariamente. El caso podría explicarse porque en China están enojados con Canadá a causa de la detención de la directora financiera de Huawei, Meng Wanzhou, la cual está esperando un juicio de extradición a los Estados Unidos. Aunque la detención se efectuó en diciembre del 2018, los chinos anunciaron represalias si Meng no era liberada. Los canadienses ignoraron la queja/amenaza y los chinos de inmediato capturaron a dos canadienses y los acusaron de espionaje.

Aunque capturado en 2018, a Michael Spavor le acaban de pronunciar sentencia por once años y su compatriota y ex diplomático Michael Kourig aguarda una suerte similar. Que la sentencia se esté dando en estos días no es coincidencia, porque al parecer se espera por estas fechas también una respuesta en el proceso en Canadá de Meng Wanzhou.

¿Qué hizo esta alta ejecutiva china para ser detenida? Aunque en la actualidad se halla libre bajo fianza, sólo con una pulsera geo-localizadora. Estados Unidos acusa a Meng de usar una filial de Huawei llamada Skycom para evitar las sanciones que pesaban contra Irán entre 2009 y 2014. El crimen no aparenta ser de una dimensión como para provocar enemistad entre países, pero en el 2018, Trump necesitaba de cualquier caso que pudiera usar contra China en una guerra comercial. Guerra que Biden no ha desactivado.

Y Canadá quedó en medio. “Es muy preocupante para nosotros como gobierno, y debería serlo para todos nuestros amigos y aliados internacionales, que China haya decidido arbitrariamente aplicar la pena de muerte en casos como éste, de un canadiense,” dijo el primer ministro Justin Trudeau refiriéndose al caso de R. L. Schellenberg. Aun cuando de verdad fuera narcotraficante, que él lo niega (“No soy traficante de drogas. Vine a China como turista”), dictaminar la pena de muerte, a un ciudadano de otro país, es un tanto desmedido. Y que cambien la sentencia, sin nueva evidencia, de 15 años a la pena de muerte, es claramente un mensaje con dedicatoria.

Trudeau no puede hacer mucho. Él no puede influir en la sentencia de extradición de Meng. Tampoco va a declarar la guerra a China. Sólo puede apelar a que se conozca el caso y ello ayude a disminuir el turismo a China. No mucho, pero de algo servirá.

Sergio Alonso Méndez posee un doctorado en Negocios Internacionales por parte de la Universidad de Texas

salonsomendez@gmail.com.