Jesús Guerrero
Agencia Reforma

CHILPANCINGO, Guerrero 06-Aug-2022 .-Marisela, una mujer de 27 años de edad originaria de Chilapa, Guerrero, es una de las decenas de jóvenes que en esta temporada buscan contratarse como jornaleros para trabajar en campos agrícolas de Estados Unidos, ante la falta de oportunidades en su entidad.
Ella y otros 50 jóvenes esperan turno para ser entrevistados por un funcionario del Servicio Nacional de Empleo (SNE).
La madre, que dejó a su hijo en la comunidad de Iztacalco, asegura tener experiencia, pues desde los 7 años trabajó en campos agrícolas del norte del país.
Apenas hace un mes, relata, trabajó en un campo agrícola en Sonora, pero antes estuvo en Sinaloa, Hidalgo y Morelos.
«Tengo un hijo de 12 años y aquí lo dejé en mi pueblo, donde me lo cuida mi mamá», comenta.
En el patio central de las oficinas de la Secretaría del Trabajo hay unos 50 jóvenes procedentes de varias comunidades de los municipios de Zitlala y Chilapa, que esperan ser contratados por representantes de empresas asentadas en Florida.
Para ser fichados tienen que cumplir varios requisitos: tener en regla su pasaporte, acta de nacimiento, certificado de salud y el esquema de vacunación completo contra Covid-19, así como contar con experiencia en labores agrícolas.
Los empleadores piden que la vacuna que recibieron sean de las que aprobó la Organización Mundial de la Salud (OMS), de hecho no son contratados si recibieron la CanSino o la rusa Sputnik.
El viaje a Estados Unidos lo paga la empresa que los contrate.
«He cortado pepino, ejote, chile, berenjena», dice Marisela sobre su experiencia.
La madre aclara que uno de los requisitos que le costó conseguir fue la constancia de trabajo.
«Las empresas con las que vamos a trabajar quieren que uno tenga mucha experiencia en el corte de los productos agrícolas y yo la tengo», asegura.
Dice que la jornada de trabajo en los campos agrícolas es de las 7:00 a las 16:00 horas.
El trabajador recibe el pago de un salario mínimo diario, pero si su rendimiento es mayor el pago también lo es, cuenta un empleado del SNE que depende de la Secretaría del Trabajo.
«La empresa exige 200 cajas diarias del producto agrícola, pero muchos llenan hasta 500 cajas y a esos les pagan más», asegura.
Ese programa de contratación se realiza en Chilpancingo entre dos y tres veces al año.
«El contrato es de tres meses, pero puede durar hasta 10», agrega el empleado.
Presume que Guerrero ocupa uno de los primeros lugares en exportación de mano de obra a Estados Unidos.
El Presidente Andrés Manuel López Obrador ha dicho en sus conferencias que las remesas que envían los migrantes han crecido durante su Gobierno.
«La verdad es un logro que no nos debe de alegrar, porque eso refleja que hay más gente de nuestro país que se va a trabajar a Estados Unidos porque aquí no tiene opciones.
«Yo no puedo estar en mi pueblo todo el año porque tengo que salir a trabajar, pues si me quedó no tengo dinero para mantener a mi familia», señala Marisela.
En las instalaciones de la Secretaría del Trabajo estatal, la mujer cuenta que en su pueblo, en la Montaña baja de Guerrero, sí hay escuelas, agua, luz y centro de salud.
«Pero no hay trabajo», añade.
La mayoría de quienes solicitaron ser contratados son de comunidades de Chilapa y Zitlala, municipios que desde hace décadas han sido expulsores de mano de obra barata.
En la actualidad, Chilapa y Zitlala padecen, además de marginación y pobreza, inseguridad y violencia.