Imelda Robles
Agencia Reforma

MONTERREY, NL.-“Tengo como que miedo de reprobar el año”, cuenta Ana Celia, de 14 años, en lo alto del Cerro del Topo Chico, en la Colonia Gloria Mendiola. Frente a ella, su televisión dice “sin señal”.
En esa casa vive con sus primos Debani, de 11 años; Iván, de 13, y Wendy, de 18, embarazada de 8 meses.
En ese momento, Iván debería estar tomando su clase de segundo de secundaria, pero tras varios intentos, la tele sigue igual.
“Ha sido difícil porque no sabemos si están encargando tarea porque no tenemos con qué saber”, cuenta Ana Celia, inscrita en tercer grado en la Secundaria Independencia de México No.65.
“Y también por la señal en la tele. A veces no se puede sintonizar el canal”.
No tienen computadora, menos acceso a internet. Wendy tiene un celular y juntaron 100 pesos para ponerle saldo y checar las páginas de Facebook de las escuelas de los cuatro.
Roberta Reyes, de 54 años, y Celestino Flores, de 50, sin escolaridad, son papás de Ana Celia, y abuelos de Debani, Iván y Wendy.
Ambos son diabéticos. Él, con complicaciones de salud, no puede laborar, y ella en ocasiones labora en la cocina de una fonda. El ingreso económico es para comer.