Luis Muñoz Fernández

Debido a la pandemia de COVID-19, un número elevado de pacientes que requiere de manera simultánea la atención de su grave insuficiencia respiratoria en las unidades de cuidados intensivos ha provocado el colapso de los sistemas sanitarios en varias partes del mundo. La demanda ha superado la oferta instalada, especialmente, aunque no exclusivamente, lo que se refiere a la disponibilidad de los ventiladores o respiradores, indispensables para mantener con vida a los enfermos y revertir las complicaciones pulmonares más graves.

Se escuchan y se leen relatos desgarradores de la enorme presión a la que se ve sometido el personal sanitario en general y, en especial, el que trabaja en las unidades de cuidados intensivos. Aparte del considerable desgaste físico por las jornadas extenuantes de trabajo, no son infrecuentes las ocasiones en las que los médicos se ven obligados a tomar decisiones muy difíciles como, por ejemplo, a quién asignar un solo ventilador disponible cuando hay más de un paciente grave que lo necesita.

Es por ello que agrupaciones de expertos en bioética en todo el mundo han empezado a publicar diversas guías para orientar la toma de decisiones en estas difíciles y complejas circunstancias que estamos viviendo. Así, en los últimos días han ido apareciendo, entre otros, documentos publicados por el Centro Hastings de los Estados Unidos de Norteamérica, el Consejo Nuffield de la Gran Bretaña, el Observatorio de Bioética y Derecho de la Universidad de Barcelona (España) y, en nuestro país, la Comisión Nacional de Bioética y el Consejo de Salubridad General.

En estos documentos se tratan desde aspectos generales sobre los dilemas bioéticos que tiene que enfrentar el personal de salud, hasta guías muy específicas para la toma de decisiones respecto a la asignación de recursos médicos escasos, como son los equipos de protección personal para el personal sanitario y los ventiladores para los pacientes graves.

La creación de los llamados “equipos de triaje”, conformados por expertos en cuidados intensivos y otros profesionales que no están involucrados personalmente en el tratamiento de los pacientes, tiene como objetivo aligerar el peso de estas decisiones difíciles para que no recaiga solamente en el equipo de profesionales que se encarga directamente de la atención de los enfermos.

Aunque en nuestro país estas situaciones todavía no se han generalizado, no tardarán en volverse mucho más frecuentes. Debemos prepararnos lo mejor posible.

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