Templo del sagrado corazón de Jesús

Por J. Jesús López García

A inicios de la década de los años cuarenta del siglo pasado, el presbítero José E. Femat fue designado para organizar la construcción del templo del Sagrado Corazón de Jesús en un sitio donde se ubicase originalmente un pequeño hospital llamado “de Jesús”, y rodeado en ese entonces por una zona de tolerancia donde la prostitución y otros giros de naturaleza violenta se daban cita tal vez por la proximidad de los mesones y su consiguiente condición de recibir una importante población flotante.

El proyecto pertenece a la autoría del arquitecto Ramón Carlos Aguayo y la ejecución de la obra al ingeniero Luis Ortega Douglas. El 14 de septiembre de 1943 se bendijo y colocó la primera piedra, a decir de Alejandro Topete del Valle.

El templo tiene una planta de cruz latina y una llamativa portada a la usanza barroca, si bien el estilo había sido dejado atrás en la ciudad en los años inmediatamente anteriores a la Guerra de Independencia, iniciando el siglo XIX. La portada que se sobrepone a un volumen a su vez sobrepuesto a lo que sería el plano frontal, está compuesta de un solo cuerpo muy elevado y un remate donde se dispone de un óculo de perfil mixtilíneo como la cornisa que remata a esta portada. Las entrecalles  están delimitadas por unas columnas estípites que se basan en el ultra barroco que recuerdan a todas aquellas de los magníficos templos originales barrocos; completando al ornamento en altorrelieve, se aprecian algunos trofeos y nichos que muestran una disposición muy libre respecto a las convenciones barrocas tradicionales.

Y es que este edificio realmente es una construcción moderna y su aspecto barroco es accesorio realmente; por ello mismo sus torres de dos cuerpos si bien están ornamentadas y rematan en sendas coronas, recordando por su verticalidad a las de Santa Prisca en Taxco, se desplantan de manera muy simple en bases cuadradas y sin ochavamientos. La rigidez del sistema constructivo no permitió un despliegue formal más rico como el que presentaría una estructura tradicional en arcos de piedra.

Con todo, el templo es un ejemplo arquitectónico de un revivalismo tardío cuya principal aportación sin duda, fue el sanear socialmente una zona considerada marginal y además estigmatizada. El efecto del templo, para creyentes y no creyentes fue positivo y en buena medida actuó genuinamente como un elemento que hizo del tejido urbano circundante, uno más funcional e integrado a su entorno, pues su cerco virtul fue roto y así pudo articularse mejor a la cotidiana del común de la ciudad.

Por otro lado, existen edificios que ocasionan efectos adversos sobre su entorno, pero no tarda el tiempo o la misma sociedad, en darlos de baja del catálogo de inmuebles. Pero centrándonos en los ejemplos positivos, que afortunadamente son muchos y variados, la arquitectura es un hecho que no solamente atañe a sus promotores, sus creadores, sus usuarios y su público, finalmente del hecho arquitectónico participamos todos pues los edificios son grandes contenedores para toda clase de actividad humana y la versatilidad de su uso, hace que sean especialmente susceptibles de crear dinámicas inesperadas e inéditas, muchas de las cuales, generan además nuevas maneras de ocupar y usar el entorno urbano circundante.

La acción del cura Femat finalmente fue concluida, sin embargo, actualmente no puede concebirse ese sector de la calle 5 de mayo sin el conjunto y la actividad intensa que genera. El templo del Sagrado Corazón ha probado en estos últimos setenta años, ser un personaje urbano importante para nuestra ciudad, alzándose como un hito, una referencia no solamente para la zona en particular sino en toda la mancha urbana. Sin duda alguna, el templo se yergue altivo en un sitio que alguna vez se encontraba deteriorado física y socialmente. Quienes no lo conozcan, es un buen momento para hacerlo.

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