Carlos Reyes Sahagún
 Cronista del municipio de Aguascalientes

Jueves primero de diciembre de 2016. Terminó por fin el progreso para todos, por fin. Con el inicio del ejercicio de un nuevo ejecutivo estatal, el contador Martín Orozco Sandoval, el tercer gobernador procedente de las filas del Partido Acción Nacional, asistimos a la renovación sexenal de la esperanza. La ceremonia que formalizará este hecho tendrá lugar en el Centro de Convenciones y Exposiciones de la Isla San Marcos, que previamente recibió la bendición legislativa para hacerlo digno de semejante acto.
Es cierto que el mandato del nuevo gobernador dio principio en el primer segundo de este día pero bueno, una parte de la posible verosimilitud de la política, de su credibilidad, radica en la liturgia, en el ritual, y entre más, digamos, realista sea, más solemne, más creíble parece. Desde luego no ando descubriendo el hilo negro: desde hace siglos esto ha sido así en todo el mundo.
A propósito del edificio donde tendrá lugar el protocolo, me parece que los espacios en que se ha realizado esta ceremonia constituyen una evidencia de los avances que ha registrado el estado a lo largo de su historia, es decir, se construye un nuevo espacio; el estado adquiere un nuevo activo, y una de las primeras cosas que se hacen con él es convertirlo en recinto para la toma de posesión de un Ejecutivo.
Así ocurrió en el inicio del mandato de Rodolfo Landeros Gallegos, que se hizo cargo de la conducción gubernamental en el Auditorio IV Centenario -hoy Cancha Hermanos Carreón-, construido en la administración de su predecesor, el profesor J. Refugio Esparza Reyes (1974-1980).
La misma reflexión aplica para el licenciado Otto Granados Roldán (1992-1998), dado que comenzó su gestión en el Teatro de Aguascalientes, inaugurado en 1991. Finalmente está la solemnidad que hoy me ocupa: por primera vez se utilizará para este objeto el flamante Centro de Convenciones y Exposiciones de la Isla San Marcos, cuya edificación principió en la administración del gobernador Luis Armando Reynoso Femat (2004-2010), y terminó en la que concluyó ayer -siquiera alcanzaron a terminar algo-.
De los mandatarios más recientes, el profesor Edmundo Gámez Orozco (1950-1953), el ingeniero Luis Ortega Douglas (1956-1962), el médico Francisco Guel Jiménez (1968-1974), y Esparza Reyes, protestaron el cargo en el Teatro Morelos. El jurisconsulto Benito Paloma Dena (1953-1956) y el profesor Enrique Olivares Santana (1962-1968) lo hicieron en el Salón de Sesiones del Congreso del Estado, entonces en el Palacio de Gobierno. En el caso del primero, sustituyó a Gámez Orozco, fallecido a principios de julio de 1953, y el ambiente de luto y tristeza no daban para celebraciones. En cuanto a Olivares, desconozco la razón por la que no comenzó en el Teatro Morelos. Quizá fuera un gesto de «austeridad republicana» o de populismo, aunque también habría que tener presente que el Morelos se hallaba en malas condiciones y, según la prensa de la época, amenazaba con derrumbarse. De hecho en 1964 el Coliseo de la calle República -como gustaban de llamarlo- fue sometido a una profunda restauración, aprovechando el viaje del cincuentenario de la Convención de Aguascalientes que, como usted sabe ilustrado lector, se cumplió en ese año, y en la ceremonia central contó con la presencia del presidente Adolfo López Mateos, que visitó Aguascalientes en su gira de despedida.
Finalmente, sobre este tema le informo -o le recuerdo- que el ingeniero y contralmirante Miguel Ángel Barberena Vega (1986-1992) empezó en el mismo sitio que Landeros, en tanto que el señor Felipe González González (1998-2004), y los ingenieros Reynoso y Carlos Lozano de la Torre (2010-2016), asumieron el cargo en el Teatro de Aguascalientes.
Vaya usted a saber cómo iniciaron otras gestiones, pero no sería del todo descabellado pensar que a partir de la inauguración del Teatro Morelos, en 1885, durante décadas este fue este el espacio idóneo para la celebración de semejantes fastos. Luego de éste, el siguiente gran espacio que tuvo Aguascalientes se construyó hacia fines de la década de los años cuarenta del siglo pasado. Me refiero a la Cancha del Estado, que se ubicaba al norte del templo de San Diego, es decir, detrás de la sede franciscana, y que a lo más que llegó fue a reuniones políticas de campaña. Esta cancha, muy socorrida a la hora de partidos de baloncesto, funciones de box y de lucha libre, fue derribada a mediados de los años setenta. Otros espacios multitudinarios, nunca utilizados para este efecto, fueron el antiguo estadio municipal, el rancho del charro, y el estadio de béisbol.
Las ceremonias han variado de hora entre la mañana y la tarde, con un par de excepciones que yo recuerde: el ingeniero Ortega Douglas protestó el cargo a la media noche del 30 de noviembre de 1956, mientras que Granados asumió la gubernatura la tarde noche del 30 de noviembre de 1992, esto porque en la ceremonia se contó con la presencia del presidente Carlos Salinas de Gortari, que de aquí voló a Buenos Aires, y por eso debió adelantarse la ceremonia a la tarde del día anterior. Recuerdo haber escuchado que Barberena lamentó esas horas que le restaron a su sexenio pero, a la voz de «donde manda presidente no gobierna contralmirante», debió plegarse a la voluntad presidencial. Y a propósito de presidentes, José López Portillo testificó el cambio de gobierno de Esparza Reyes a Landeros. De ahí en más, quienes atestiguaron el cambio han sido secretarios de Estado. En esta ocasión el enviado presidencial es el titular de Economía, el economista Ildefonso Guajardo Villarreal. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).

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