Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Un esperanzador apocalipsis.

En el 2009, el dibujante y escritor norteamericano Jeff Lemire lanzó al mercado, a través de la compañía DC Comics, su historieta titulada “Sweet Tooth”, una sombría y amarga fantasía sobre un jovencito mitad hombre y mitad ciervo que deambula por una tierra desolada. Su adaptación, en formato televisivo para Netflix, ha eliminado varios de los puntos ácidos y tenebrosos que posee el cómic para hacerlo más paladeable al gran público, un proceso que pudo erogar no sólo en falta de fidelidad a la fuente, sino el riesgo de almibarar demasiado un proceso que, desde su premisa, se presta a una inspección sobre los rasgos más ominosos de la naturaleza humana. Por fortuna, el creador, guionista, y en ocasiones director de la serie, Jim Mickle ha preparado una narrativa que, si bien se muestra más optimista e iluminada que el material original, le dota de una entereza argumental gracias a guiones sensibles e inteligentes y el delineado de personajes, con motivaciones y psicología atractivos, que se enlazan orgánicamente ubicados en un universo que, de entrada, se antoja atractivo por lo prosaico de la amalgama estructural, la cual sería algo así como el viaje del héroe con trazos tiernos similares al “Bambi” de Disney, pero atravesando el desolado contexto de un filme de Mad Max.
El primer episodio rápidamente nos sitúa en ambiente: nuestro planeta se ha visto afectado por un letal patógeno denominado H5G9 que produce fiebre y síntomas similares al de la gripa común, diezmando la población mundial. Análogamente, un brote espontáneo de bebés con características animales, denominados “Híbridos”, pone de cabeza a las autoridades sanitarias y gubernamentales. Después del caos que significó la pandemia, se crean grupos denominados “Los Últimos Hombres” para aniquilar a los Híbridos. Ante esta situación, un hombre (Will Forte) se refugia en el parque Yellowstone, junto a su bebé mutado, para criarlo lejos del alcance de la sociedad y el hombre. Bautizado como Gus (Christian Convery), este chiquillo mitad niño, mitad ciervo, llevará una vida aislada bajo la tutela de su amoroso y paciente padre, quien lo provee de la educación básica, así como algunas lecciones prácticas de supervivencia (no hablar con alguien, jamás cruzar los límites del parque, etc.). Un día, el destino querrá que el hombre fallezca, dejando en desamparo a Gus, hasta que se topa con un corpulento hombre afroamericano de nombre Tommy Jepperd (Nonso Anozie), otrora jugador estrella de futbol americano que lleva a cuestas algunos demonios personales, incluyendo haber formado parte de las brigadas de “Los Últimos Hombres”. Este encuentro fortuito marcará sus vidas, pues Gus desea ir a Colorado para conocer a su madre, mientras que Jepperd sólo desea proseguir su camino. Su actitud áspera y hosca se verá modificada gradualmente conforme conoce más al gentil y alegre niño, hasta que decide ayudarlo en su camino. Durante el trayecto, conocerán a Osa (Stefania LaVie Owen), una joven que lidera al Ejército Animal con el fin de rescatar a los Híbridos de su persecución. Diversos acontecimientos colocarán a Osa, Jepperd y Gus en la posición de una familia improvisada mientras viajan rumbo a Colorado. Otras historias también se tejen en paralelo a la de este singular grupo, en particular una mujer (Dania Ramírez) que ha adoptado a una niña híbrida como su hija, a la vez que confecciona un refugio para los niños animales en un zoológico y un doctor y su esposa (Aditya y Rani Singh), ambos de ascendencia hindú, que pueden tener la clave para detener al virus, el cual se empeña en retornar y representa todavía un riesgo para la humanidad, aún si el costo de la cura representa algo terrible para el médico.
“Sweet Tooth” es un trabajo plásticamente excepcional, pues Mickle ha logrado sacarle un gran provecho tanto a las locaciones naturales neozelandesas, donde se filma la serie, como al reparto de ideas y situaciones que otorgan drama y comedia a este singular proyecto, pues si bien los conceptos que se trabajan aquí no resultan novedosos (protagonista adorable que ablanda un corazón de piedra, repudio a todo aquello que luce diferente como motor dramático, la orfandad que detona un proceso de autodescubrimiento, etc.) logran funcionar gracias al dimensionamiento que le proveen los ricos guiones, que procuran acercar al espectador lo más posible a los protagonistas mediante una cuidadosa caracterización, diálogos que muestran claramente sus rasgos emocionales y psicológicos, y un logrado ritmo, producto de la adecuada distribución del drama con lo cómico y los misterios que se plantean y que mantienen atado al televidente a su asiento. (¿Qué relación hay entre la epidemia y los híbridos? ¿Cómo surgieron estos en primer lugar?). Todo ello templado por la supurante inocencia de Gus, quien, a través de su maravillada mirada sobre el mundo que le rodea, pone sobre la mesa los temas de intolerancia y amor que la serie busca explorar. De entre todos los panoramas desoladores, producto de una contingencia sanitaria, “Sweet Tooth” es tal vez el más esperanzador, algo que tal vez no debiera percibirse como antitético en medio de un apocalipsis.

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