Imelda Robles
Agencia Reforma

MONTERREY, NL.-La pelea contra el coronavirus lleva a muchos al último frente de batalla: la intubación, un procedimiento para pacientes con insuficiencia respiratoria y cuya salud se ha complicado severamente.
A la par del repunte de contagios en el Estado, donde los hospitales cuentan cada día con menos camas y respiradores disponibles, regiomontanos, como Ingrid González Shay, comparten sus experiencias sobre cómo enfrentaron esa etapa que, según médicos, menos de la mitad de los pacientes logra superar.
Ingrid, vecina de El Uro, recuerda la llamada que tuvo que hacer a su esposo, David Ceballos Ramírez, para avisarle que sería intubada.
Con seis meses de embarazo y 33 años de edad, fue internada el 21 de junio, Día del Padre, en el Hospital San José, y para el martes le era casi imposible respirar.
“Fue lo más horrible de todo el coronavirus”, compartió.
“¿Cómo te despides?, ¿cómo haces esa llamada? ‘Me van a intubar, bye. No sé si te voy a volver a ver’. Es feo. Eso es muy feo.
“Entonces, ni modo, hice las pases con la idea de intubarme y dejé que me intubaran en paz, por así decirlo”, añadió.
Ingrid y su esposo fueron diagnosticados con Covid-19, mientras que a su hijo, de un año de edad, aunque tuvo fiebre, no le realizaron la prueba.
“En el Mercado de Abastos, que es donde mi esposo tiene el negocio, hubo un brote y mucha gente se contagió”, señaló.
“Salimos positivos mi esposo, yo, mi cuñada, mi cuñado, mi hermana y mi suegro”.
Uno de sus mayores temores era que los médicos tuvieran que adelantar el nacimiento de su bebé. Ahora la espera para el 15 de septiembre. Se llamara Belén.
Tres días después del procedimiento, Ingrid fue extubada y le explicaron que el tratamiento con plasma dio resultado y que era la primera vez que lo usaban en una embarazada.
La dieron de alta el sábado 4 de julio, cuando fue recibida afuera de su casa por amigos y familiares desde sus autos, y con mensajes de aliento pegados en su hogar.