Un grupo de pacientes del ISSSTE, relataron a esta Redacción el escenario al que se enfrentan diariamente por la falta de medicina, sobre todo aquella prescrita por especialistas, porque lo que es paracetamol, diclofenaco y penicilina se consiguen regularmente.
Quienes padecen problemas de hipertensión, pasan hasta tres meses para que les puedan surtir la receta, lo mismo con enfermos de diabetes o artritis; el “Telmisartán para la presión alta, llega a cuenta gotas y el Celebrex, que alivia los dolores de la artritis, tampoco está disponible.
Los quejosos consideran que pueden hacer una lista bastante grande de los medicamentos que desde la Ciudad de México se surten de manera insuficiente.
Comentaron que los médicos hasta se sienten apenados con los pacientes que les dicen que por tres meses han tenido que comprar la medicina y que la verdad, ya no tienen dinero para adquirir más; los galenos agachan la cabeza y con vergüenza reconocen que las cosas están mal, bastante mal en el sector salud.
“Las largas filas que se forman el día que llegan las medicinas, son una prueba y otra más las caras tristes de los pacientes que no alcanzaron y que tendrán que esperar otro mes para ver si ahora entonces corren con suerte”.
Destacaron que la misma historia se repite con otras prestaciones, por ejemplo los préstamos personales que el ISSSTE hace a los burócratas y por los cuales les cobran sus respectivos intereses (o son un regalo).
“Ahora, los empleados federales deben levantarse a eso de las cuatro de la mañana para formarse y que les den una ficha, para que a partir de las 8:30 de la mañana los comiencen a atender; cada quien espera su turno y para que los atiendan pasan mínimo cuatro horas. Si el solicitante llegó a las seis de la mañana, deberá pasar ocho horas esperando ser atendido, sin contar que muchos, desde el pasado mes de enero, hicieron su solicitud y apenas les autorizaron el préstamo”.
Por tanto, lamentaron ser tratados ‘como limosneros’.