Luis Muñoz Fernández

Dado el modelo actual con el que se “educa” a nuestras élites, delineado desde las más altas esferas del poder económico para hacer del ser humano un sujeto insolidario, un consumista dócil y un competidor desalmado, no debería sorprendernos que personas supuestamente instruidas nos expresen sin ruborizarse que los negros norteamericanos, que en días pasados protagonizaron las violentas protestas que todos conocemos, son “animales (animales no humanos, se entiende) que actuaron como bestias al amparo del anonimato de la manada”. Toda una declaración de principios.

Una de las muchas expresiones actuales de racismo policiaco sucedió a mediados de enero de 2019 en San Felíu de Sasserra (Barcelona). Wubi, un joven negro que reside en Sabadell, fue detenido sin justificación por seis integrantes de la policía catalana (los “Mossos d’Esquadra”). Wubi grabó las expresiones de los policías que lo insultaban y vejaban mientras le lanzaban bolsas de basura y escupitajos: “Tú no eres humano. Eres un mono. Negro de mierda”.

Un referente indiscutible en el tema del colonialismo y el racismo tan estrechamente relacionado con él es Frantz Fanon (1925-1961), psiquiatra y revolucionario nacido en Martinica, una isla de las Antillas Menores, colonia francesa desde 1635. Fanon descendía de una familia con antepasados africanos, tamiles y blancos. Sus dos libros más famosos son “Piel negra, máscaras blancas” (1952) y, sobre todo, “Los condenados de la tierra” (1961), cuyo prólogo fue escrito por el famoso filósofo Jean-Paul Sartre, amigo de Fanon.

En ese prólogo se encuentra la explicación del trato brutal y denigrante que las fuerzas de ocupación le imponen a los colonizados:

“Como nadie puede despojar a su semejante sin cometer un crimen, sin someterlo o matarlo, plantean como principio que el colonizado no es el semejante del hombre. […] Se ordena reducir a los habitantes del territorio anexado al nivel de monos superiores, para justificar que el colono los trate como bestias. […] La violencia colonial no se propone sólo como finalidad mantener en actitud respetuosa a los hombres sometidos, trata de deshumanizarlos”.

Como psiquiatra, Fanon sabía que el racismo no sólo deja huellas físicas, sino también psíquicas, y muy profundas. Se volvió un experto en la psicopatología del colonialismo. Los que hoy protestan violentamente no lo hacen por ser animales (no humanos), sino porque llevan literalmente en su interior siglos de opresión, injusticia y negación perenne y hereditaria de oportunidades.

 

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