Iris Velazquez
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-Luego de vacunarse contra Covid-19, la médico militar Alejandra Rugerio Trujillo recibió como regalo de Navidad el reunirse con su hija, a quien no veía desde hace ocho meses, tiempo en el que ha dado batalla a la epidemia en el Hospital Central.

El miedo, al ver los estragos que causa el virus, orilló a Alejandra y a su esposo, ambos médicos del Ejército mexicano, a enviar a Camila, de 10 años, a Sinaloa, para reducir el riesgo de contagio.

Rugerio Trujillo se desempeña como Jefa del Departamento de Terapia Intensiva del Hospital Central Militar, y le ha tocado ver la cara más cruda de la enfermedad, pues atiende a los pacientes más graves.

El 24 de diciembre, la mayor médico cirujano recibió la vacuna contra el SARS-CoV-2 en el Hospital General, fue de las primeras, y un día después, en Navidad, volvió a ver a su niña.

“Fue encontrarla muy grande, porque usted sabe que un niño en ocho meses crece muchísimo y pues ya casi una señorita, casi de mi tamaño a pesar de que tiene 10 años y fue muy bonito en cuanto me vio”, relata.

“Yo no la reconocía totalmente bien, a la que reconocí fue a mi cuñada y ella sí me reconocía. Corrió a abrazarnos a mí y a su papá y pues ese día fue maravilloso. Le dimos lo que le había traído en el arbolito de Navidad, Santa Claus que eran unos muñecos que ella quería y pues estuvimos toda la tarde juntos. Comimos pizza, nos las pasamos muy a gusto todo el 25”.

La médico considera que en lo que va de la pandemia, el día más alentador fue cuando recibió la vacuna.

“Ha sido muy complicado, pero pues la mejor experiencia que he tenido fue la vacunación que finalmente, pues después de tantos meses de incertidumbre, nos ha dado un poquito de luz en la atención de nuestros pacientes. Fue muy complicado. Es mi única hija, sólo estamos mi esposo, que también es médico militar, mi hija y yo, y pues ante la incertidumbre de lo que fuera pasar con esta pandemia, pues tomamos la difícil decisión de que ella fuera con nuestra familia a Sinaloa.

“Fue muy complicado, pero afortunadamente las tecnologías nuevas nos permiten estar en contacto digital todo el tiempo y eso aminoró un poco la tristeza de estar lejos. Sin embargo, ella entiende perfectamente que papá y mamá están para ayudar al resto de la población y a sus pacientes, y pues este reencuentro fue maravilloso y fue mi regalo de Navidad, más que la vacuna, el estar poder estar con mi familia”.

Pese a lo complicado que es estar en el área Covid, sostiene, ha habido satisfacción, orgullo y momentos felices, como el ver que algunos de los pacientes en estado crítico vencen al virus.

“Ha sido una labor muy ardua, no sólo de los médicos, sino del personal de enfermería, de los camilleros, del personal de limpieza, pero tiene sus recompensas hacer o devolverle a una familia a sus padres, o ver cómo nuestros pacientes salen adelante a pesar de haber estado muy graves, pues es una gran recompensa”, considera la especialista poblana.

“Pacientes que llegan al borde de la muerte y pues que de alguna manera se los devolvemos a su familia, creo que es la recompensa que todos hemos tenido. Yo soy intensivista, mi capacitación siempre fue para atender desastres y a los pacientes más graves de todo el hospital”.

La militar con 18 años de servicio añade que han estado impartiendo cursos a médicos generales y de reciente ingreso y en este momento todos tienen una capacitación elevada.

“De hecho se refleja en nuestras estadísticas. El Hospital Central Militar tiene una mortalidad muy cercana a Europa en las terapias intensivas: únicamente el 30 por ciento, que si es bastante elevada, pero es el mejor lugar para atenderse por Covid. Creo que esta pandemia ha sido difícil para todos, pero creo que tenemos la fortaleza para salir adelante y que espero que pronto podrán, podamos regresar a nuestras vidas normales”.