CDMX.- Cuando los golpes han sido duros y a la cabeza (literal), en la vida como en la lucha libre el show debe seguir.
Esta metáfora permea Nail in The Coffin: The Fall and Rise of Vampiro, documental que ha recorrido decenas de festivales en todo el mundo gracias a su personaje principal: el luchador Ian Hodgkinson.
Conocido como Vampiro Canadiense, la estrella del cuadrilátero abre su corazón en el filme para presentar a un hombre complejo, lleno de miedos, lastimado física y mentalmente.
A sus 53 años, semirretirado de la lucha libre y pese a la artritis crónica que aqueja el 84% de su cuerpo, las 24 contusiones cerebrales que le dejó su profesión y el Alzheimer que padece desde el año pasado, Hodgkinson finalmente hizo las paces con sus demonios internos.
“Antes me costaba mucho lidiar con los fans y la fama. Era muy rudo con todos y odiaba ser famoso. Tengo problemas de salud mental, así que cuando la gente se me acerca y quiere abrazarme, me asusto y me dan ataques de pánico.
“Pero ya maduré mucho. Desde que hice la película me volví mucho más paciente, perdí casi 60 kilos y no uso drogas. Ahora vivo feliz, soy agradecido, y puedo usar al Vampiro para hacer cosas positivas”, apunta Ian en entrevista exclusiva.
Aún sin distribución en México, la película se exhibió el año pasado en el Festival Mórbido, y estrena este 4 de septiembre en cines selectos de EU; el 8 llega al sistema Video On Demand.
Venerado por las masas, protagonista de su propio cómic, símbolo sexual, todas esas facetas se alzan y derrumban en el filme, que se enfoca más el ser humano detrás del caos.
“La cinta está llena de momentos en donde separamos al hombre de la estrella, y es lo que queríamos hacer. Todo mundo conoce a Vampiro, la leyenda, pero casi nadie conoce a Ian”, explica Michael Paszt, el director.
La película toma elementos de El Luchador, de Darren Aronofsky, para presentar a un tipo rudo e intimidante que conoce de cerca la fama y la decadencia, y que aún sigue dando golpes por la vida.
“Nunca vi esta cinta como una película sobre lucha libre, más bien era una oportunidad para mostrarle a mi hija quién era y es su papá, y cuánto me importa ella. Era importante para mí enseñarle de dónde vine, pues ella nunca había visto quién era en realidad Vampiro”, dice el gladiador.
Dasha, esa hija que menciona, de quien vivió alejado por varios años metido en drogas, giras y peleas, es ahora su inspiración para seguir dando batalla.
“Por muchos años me odié a mí mismo, y usaba a las personas como una excusa para no aceptar que el que tenía que cambiar era yo. Odiaba a la persona en la que me convertí, pues fui forzado a convertirme en Vampiro”, reconoce Hodgkinson.
“Nunca pude ser yo mismo. Había mucha fama alrededor de Vampiro, con mujeres y excesos de la vida, pero esa criatura no era yo. Por eso me odiaba, y me sentía culpable por no aceptarme”. (Rodolfo G. Zubieta/Agencia Reforma)