Entre Aristófanes y un triángulo LGBTQ

Desde que la comedia romántica juvenil reventara en la cara de la cultura popular a inicios la década de los 80’s no ha cesado de mutar el desarrollo de sus arquetipos, añadiendo o restando elementos e incluso hibridando su cepa argumental con otros géneros para expandir sus posibilidades narrativas y procurar un ajuste adecuado a la sensibilidad de la generación en turno. Es por ello que ahora difícilmente veremos una cinta a la vieja usanza sobre el universo preparatoriano o universitario donde el humor se apoyaba en un cinismo anárquico, escatológico, misógino, xenófobo y homofóbico que funcionó en aquella época (y para algunos filmes aún logra sostenerse por su honesto desenfado) y que ahora se ve reemplazado por la búsqueda de argumentos que validen la inclusión genérica, étnica, idiosincrática y un largo etcétera sin herir susceptibilidades ultraconservadoras

“Si Supieras”, la más reciente cinta de Netflix enfocada al contexto y público adolescente, se ve, oye y casi huele como a otros tantos filmes que buscan con cierta desesperación la aceptación del espectador millenial y Z cumpliendo con lo previamente expuesto, pero una vez visionada sorprende por su fresca e inteligente propuesta (aunque algo sobrada en tiempo por escenas algo repetitivas) sobre la búsqueda del amor en términos muy plurales, incluyendo el interpersonal, el familiar y la amistad. El relato apoya casi todos sus recursos dramáticos en una nobel actriz shanghaiana llamada Leah Lewis cuya vida da para una película propia (fue adoptada en un orfanatorio chino por una acaudalada pareja proveniente de Florida, para después destacar en canto, actuación, literatura y artes marciales) y que resultó una decisión atinada, pues brinda una excelente interpretación como EllieChu, una apocada y sencilla jovencita que vive con su padre, un hombre inteligente que gusta del cine clásico y con un doctorado que no vale nada en un país donde lo importante es hablar inglés con fluidez, en un pequeño pueblo del medio oeste norteamericano llamado Squahamish. Entre la bucólica atmósfera y las casas de madera, Chu sobrelleva un cotidiano que incluye trabajar en una caseta de la estación ferroviaria, soñar con ser una cantautora, leer a los clásicos de la filosofía existencialista y acudir a una prepa donde no es muy apreciada, a menos que se le contrate para escribir tareas y ensayos. Este rubro es importante, pues será el catalizador para que un joven bonachón y medio bobo llamado Paul (Daniel Diemer) la emplee para escribirle cartas de amor a una chica introvertida pero también apetente de conocimiento y con ideas llamada Aster (AlexxisLemire). Lo que inicia como una versión adolescente del Cyrano de EdmondRostand con la protagonista impostando los sentimientos y emociones de Paul a través de ardorosas y sensibles misivas termina siendo una suerte de triángulo amoroso inesperado cuando Chu también se enamora de Aster, lo que conduce a una serie de eventos que sirven como lienzo para pintar un retrato en momentos bello y lírico de la identidad del amor sin quebrantos lelos o chantajitos emocionales.

La directora Alice Wu (“Un Amor Diferente”) consigue tejer un relato policromático donde, así como le enuncia la protagonista al inicio de la cinta mediante una secuencia animada muy plástica y creativa, el amor no es lo que uno cree o se determina mediante preconcepciones mediáticas, pues es “un acto de valor, más que uno del corazón”, según ella. Y a lo largo del filme vemos como su tesis se manifiesta de diversas maneras, ya sea expresando sus sentimientos a través de mensajes en el celular que le envía a Paul durante sus citas con Aster, el vínculo que la ata a su padre viudo mientras ven “Casablanca”, “Candilejas” o incluso una cinta de WimWenders mediante escenas clave seleccionadas para calzar con el tono emocional de la escena en cuestión sin forzar el recurso y el vínculo que comienza a forjarse entre Chu y Paul, el cual habla de una amistad que se purifica en base a la solvencia existencial de ambos cuando están juntos. La cinta logra producir momentos muy conmovedores (la secuencia del recital en la preparatoria es medida y muy efectiva) a la vez que humorísticos (los diálogos de la protagonista poseen referentes pop sin ser chocantes mientras que se envisten de cierta poesía interna), pero lo más destacable es la interpretación de Lewis, quien se apropia del personaje y la película con su honesta y entregada interpretación, matizando a su personaje sin transformarlo en una paladín de la causa LGBTQ, tan solo un ser humano que busca amar y ser amado.

“Si Supieras” tiene todos los elementos clave del nuevo cine juvenil, incluyendo la hiperverbalización y cierto aire nihilista, así como ciertos momentos redundantes que salen sobrando, pero funciona de maravilla y es una de las sorpresas más gratas que podemos apreciar en Netflix durante estos días donde se requiere una muleta positiva maciza y bien hecha.

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