Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Una vez más, la animación saca a relucir su capacidad de exploración lírica mediante una plástica y narrativas atrevidas y potentes mediante esta maravillosa cinta francesa titulada “Perdí Mi Cuerpo”, la cual emplea una premisa completamente buñuelesca para conducirnos a un relato humano y pletórico de sensibilidad.

La cinta cuenta la historia de Naoufel, un joven de ascendencia hindú que a lo largo de su vida ha lidiado con la pérdida, primero la de sus padres durante un terrible accidente automovilístico, posteriormente sus sueños al no lograr materializar una carrera acorde a sus intereses (una animación en blanco y negro procede como tiempo psicológico para mostrarnos su infancia mientras acompaña a su padres, un académico y una concertista de violonchelo, en su cotidiano a la vez que registra todo lo que puede en una grabadora mientras sueña con ser un astronauta) y finalmente la de una extremidad: su mano derecha. La circunstancia que lo llevan a tal amputación es el eje de la cinta, ya que nuestro protagonista es víctima de un accidente en un taller mientras trabaja con un aserrador, pues es aprendiz de un maestro carpintero con el fin de aproximarse a su sobrina, Gabrielle, una chica librepensante y autónoma de la cual se ha enamorado mientras trabajaba como repartidor de pizzas. Análogamente, también veremos la historia de la mano en sí, una extremidad que ha adquirido consciencia y recorre la ciudad desde el laboratorio médico donde estaba confinada hasta el lugar donde vive Naoufel. Las experiencias de esta extremidad van de lo hilarante a lo intenso, pues debe escapar de automóviles en marcha, ratas hambrientas, los elementos y la problemática lógica que representa para un miembro amputado el desplazamiento.

Ambas historias muestran una perspectiva reflexiva y muy real sobre la condición humana no exenta de lirismo y devastación emocional. El director Jéremy Clapin logra tejer un intrincado tapiz narrativo unido por un sentido afecto hacia su historia y personajes, algo que traspasa su guion para verse reflejado en ellos y, por ende, en el espectador. La técnica empleada para contarnos este relato es sencilla pero muy efectiva, pues los trazos sencillos y la adecuada paleta cromática funcionan para sostener una trama muy dimensionada y rica en interpretaciones, conmovedora en momentos (la escena de la mano con un bebé es contundente al respecto, así como el clímax) y en otros jocosa (los intercambios verbales por interfono entre Naoufel y Gabrielle cuando se conocen son bellos y divertidos a la vez), permitiendo que este trabajo se vea más como cine y obra muy personal para su creador Clapin que como mero entretenimiento.

“Perdí Mi Cuerpo” es una cinta rebosante de hermosura narrativa y visual que jamás cuestiona la inteligencia del espectador o le lleva por senderos complacientes. Y si bien la premisa puede sonar incluso escalofriante o demasiado bizarra para que resulte paladeable (después de todo, es una película co-estelarizada por una mano viviente), el resultado es una película que aprovecha todas sus posibilidades para la creación de una poética minimalista pero tan efectiva que terminamos por considerar a ese ser que se desplaza con los dedos como una entidad entrañable, aun si guarda mutis toda la cinta. Esta es una de las mejores películas animadas del año y para quienes requieran de una experiencia cinematográfica que explore melancólica pero optimistamente las relaciones interpersonales o la pérdida en cualquiera de sus manifestaciones, este filme puede darles… una mano.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com

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