Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

¿Sueñan los androides con otras películas bélicas?

Y siguiendo con esta fórmula donde se mezclan los componentes básicos del cine de acción con la estructura de la narrativa bélica que a Netflix le ha funcionado tan bien (v.g. “Misión de Rescate”, “Mosul”, et al.) nos llega “Zona de Riesgo”, la cual procura desbalancear la tónica ofreciendo las mismas escenas de balazos y persecuciones montadas con cortes vertiginosos, movimientos de cámara erráticos y peleas con la coreografía de rigor como toda cinta millenial que se respete pero añadiendo algunos ingredientes de ciencia ficción para separarla aunque sea un poco del resto. Y hasta en ello falla, pues la trama no logra quitarse el tufo a cine derivativo por más que le den protagonismo y muchos diálogos a un actor tan talentoso y carismático como lo es su estelar, el actor afroamericano Anthony Mackie, quien se encuentra en plena faena por ser reconocido como algo más que otro intérprete de películas de Marvel para ver si lo toman más en serio, por lo que es una lástima que eligiera esta película para ello. Su trabajo es cumplidor e incluso podemos decir que la labor ejecutada por el cineasta sueco Mikael Hafström (“1408”, “El Rito”) es eficiente en cuanto a su decente aplicación a tan lineal relato casi desde una perspectiva artesanal y uniendo puntos, pero nada exime a la historia de atiborrarse de clichés e incluso puntos argumentales o trazo dramático que ya vimos en “Robocop” (Verhoeven, E.U., 1987) y similares con capa de barniz nuevo, y nada enfurece más que le quieran dar a uno gato por liebre.
Tenemos pues, que la trama arranca con el Teniente Harp (Damson Idris), un piloto de drones a quien se le acusa de una operación fallida que le costó la vida a varios soldados aun cuando empleó su mejor juicio. Como castigo, lo mandan a una fortaleza ultramilitarizada en una zona fronteriza de Europa del Este anónima (para evitar resentimientos, supongo) donde deberá trabajar bajo el mando de un superior llamado Leo (Mackie), quien resulta ser un prototipo muy sofisticado de androide capaz de tomar decisiones por su cuenta pero que trabaja mediante protocolos de conducta que cambian o se contradicen secuencia tras secuencia, lo que ocasiona absurdos debates sobre conducta y moral entre Harp y el ser sintético ad nauseam. Su misión: encontrar un dispositivo nuclear capaz de borrarnos del planeta en manos del villanazo Viktor Koval (Pilou Asbaek), atravesando diversas zonas de conflicto donde las guerrillas civiles aún luchan por su libertad, civiles inocentes se ven atrapados entre las balas y enormes robots de combate llamados “GUMP” sirven para aplicar la ley y el orden a punta de AK-47. Se supone que el proceso debe ser ameno porque entre Harp y Leo existen muchas diferencias ideológicas que los llevan a incontables discusiones que casi siempre terminan con Leo teniendo una última palabra mordaz o dizque ingeniosa, pero estos intercambios lucen ridículos por su famélica sustancia argumental o relevancia, ya que no importa cuánto le cuestione Harp al androide sobre sus constantes cambios de conducta o motivaciones, éste lo aplaca con insultos y sarcasmos sin que se toque el meollo de la pregunta, dejándolo a él y a nosotros con un palmo de narices.
Y así, entre recursos de argumentación baratos y un desfile de clichés temáticos (la muy acostumbrada amiga con recursos que apoya a la causa, malvados de aspecto muy malvado que hacen sus maldades características por la inercia del guion o por flojera de los libretistas y la consabida dinámica de la pareja dispareja que comienzan odiándose y terminan casi enamorados, por lo que ellos expresan o insinúan como “respeto mutuo”, etc.), tenemos otra película que no es más que un pretexto para que el espectador muy poco exigente compre cerveza y pizza y vegete frente al televisor las interminables casi dos horas que dura este remedo de cine bélico apareado con ciencia ficción. Claro que también está ese excelente libro que nunca se ha dado tarea a leer porque supuestamente no encuentra el tiempo, así que queda en la consciencia del que mejor elija ver esto.

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