Por Juan Pablo Martínez Zúñiga

Historia de un noviazgo cinematográfico

Una noche, el director de cine Malcolm (John David Washington) llega junto a su novia Marie (Zendaya) a casa después del exitoso estreno de la más reciente cinta de él. Ella tan solo escucha, enciende un cigarrillo y replica en monosílabos a las estridencias verbales que enuncia su extasiada pareja. Su velada pasará de celebrar un triunfo creativo a toda una pelea de box donde no se intercambian golpes físicos sino orales donde un constante toma y daca dialéctico será el eje de una narrativa muy teatral que pondrá a prueba el amor que ambos sienten, pues es demasiado el bagaje emocional que poseen.
Este proyecto se conjuró a raíz de la pandemia, ya que la grabación de la teleserie “Euphoria” se vio suspendida debido a la contingencia sanitaria y tanto su director y guionista, Sam Levinson, como su protagonista Zendaya decidieron aprovechar el tiempo libre desarrollar esta oda al ego manejada desde una perspectiva eminentemente teatral, pues toda la estructura dramática y espacial se transpola a esta cinta, donde los dos únicos protagonistas entablan durante 106 minutos una lucha de poder ideológico, emocional, psicológico e intelectual muy deudor a los filmes de Truffaut, Fassbinder y Cassavettes. De hecho, la dinámica que se establece entre esta conflictuada pareja que busca ser en el otro pero con demasiadas trabas existenciales remite bastante a “Una Mujer Bajo la Influencia” y “Jules & Jim” en cuanto al manejo de la integración de parejas dominadas por su individualidad y complejidad psíquica. Malcolm, un cineasta con muchas pretensiones e instruido tanto en la forma como en la historia del cine pretende generar dominio sobre su pareja a través del arte, y Marie, una ex drogadicta que encontró refugio en su unión sentimental con él, siente despecho por sentirse olvidada al percatarse de las prioridades vivenciales de Malcolm. El otro gran guiño a los trabajos de estos creadores clásicos es la exquisita fotografía en blanco y negro de Marcell Rev, quien se luce con los constantes planos secuencias y encuadres donde los protagonistas son el elemento compositivo. La cuestión aquí es la falta de honestidad en el desarrollo, pues todo el ejercicio transpira una pedantería que nos conduce a creer que se trata tan solo de una catarsis para Levinson, utilizando las potentes interpretaciones de Zendaya y Washington cono mero conducto de sus traumas burgueses, colocando a sus personajes en situaciones tan risibles como el prolongado monólogo de Malcolm quien se enfurece cuando recibe una buena crítica de quien considera una blanca estirada del LA Times o los constantes arrebatos rebosantes de ponzoña de Zendaya cuando le inquiere sobre su falta de agradecimiento en el discurso con que concluyó la presentación de su película.
“Malcolm & Marie” es como subirse a un escenario con los actores y tramoyistas, desmitifica el proceso a la vez que puede ejercer cierto hechizo por las contundentes actuaciones y el soberbio manejo de cámara, pero no supera la presentación meramente ególatra de un director que se proyecta en otro.

Correo: corte-yqueda