Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Cuando un director antes objeto de un culto cinéfilo como el inglés Guy Ritchie cae de su prefabricado Olimpo entregando su talento a filmes pueriles o deleznables, su única ruta de salida es la recuperación de los elementos que conformaron su idiolecto desde un principio y trabajarlos con el refinamiento incrementado que, se supone, se adquiere con los años de experiencia en el mundo del cine. Pero Ritchie, quien impactó la percepción de los espectadores en el umbral del nuevo milenio con sus crónicas criminales británicas como “Juegos, Trampas y Dos Armas Humeantes” (1998) o “Snatch, Cerdos y Diamantes” (2000) aprovechando la inercia proporcionada por el Fenómeno Tarantino, incomprensiblemente terminó dirigiendo nimiedades banales como “Insólito Destino” (2002) o, ya entrado en celebridad, los excesos que dicta la norma hollywoodense como sus filmes sobre Sherlock Holmes con el entonces resucitado Robert Downey Jr. y la sosa puesta al día de “Aladdín” (2019), sin contar sus intentos por regresar a sus raíces que fueron la desastrosa “Revolver” (2005) y la muy tibia “Rockanrolla” (2008). Con “Los Caballeros” pretende refinar sus herramientas de discurso retomando el universo gansteril de la Gran Bretaña sui géneris que tan bien le funcionara hace 20 años cernida en el colador de la posmodernidad para crear un pastiche argumental que debemos asumir como sofisticado, pero que en el fondo guarda un grito de desesperación por tratar de lucir y sonar actual mediante insufribles poses caladas en personajes y situaciones predecibles ocultas en un barroco guion que fantasea con diseñar un complejo metadiscurso que involucra mafia, sangre y al mismo cine para quedarse tan sólo en la pretensión más inocua.
Una trama laberíntica urdida por el propio Ritchie nos lleva por los ires y venires de Michael Pearson (Matthew McConaughey), un gringo apátrida reubicado en Inglaterra que aprovecha el subsuelo de ingenuos aristócratas británicos para cultivar mariguana, creando un multimillonario negocio que ambicionan muchas partes, como otro norteamericano afincado en suelo inglés con muchos recursos económicos llamado Matthew (Jeremy Strong) o la mafia china gobernada por Lord George (Tom Wu) y su alocado sobrino apodado Ojo Seco (Henry Golding). Esta anécdota se nos plantea como tal desde el inicio, cuando el relato se va deshilvanando en boca de nuestro narrador dentro y fuera de cámara llamado Fletcher (Hugh Grant) quien va desarrollando la historia a modo de guion que pretende venderle a la compañía Miramax, estudio que por supuesto es la que ampara esta película de Ritchie. La lealtad de Fletcher no queda clara hasta el final, por lo que todo el despliegue narrativo que él nos presenta puede o no ser “real” con base en el juicio de su interlocutor, la mano derecha de Pearson, Raymond (Charlie Hunnam) o al nuestro como espectadores y atentos escuchas. Mas todo este juego semiótico que al inicio resulta entretenido e incluso interesante se diluye con el pobre tratamiento que se le da a los acontecimientos, los cuales involucran la obligada gama de personajes ampulosos o excéntricos como los son El Coach (Colin Farrell), quien entrena a jóvenes atletas tanto en el pugilismo como en el crimen o Gran Dave (Eddie Marsan), dueño y editor de un periódico sensacionalista que le hace la vida imposible a Pearson. Entre balazos, golpes, diálogos cínicos que debieran ser ingeniosos, chistes malos y jugarretas lingüísticas a nivel visual es como Ritchie pretende ganarse de nuevo el gusto y corazón del cinéfilo. Con lo que no contaba este señor es que el espectador ha depurado su capacidad de interpretación y ya no se deja engañar tan fácilmente, por lo que ya son demasiado evidentes los hilos con que este director venido a menos pretende manipularnos. “Los Caballeros” se defiende con un reparto excelente y todas las elegantes argucias técnicas que caracterizan un proyecto de esta calaña, pero lo principal, la historia, es más una construcción de cartas que se tambalea durante todo el enredado proceso hasta que las mismas vueltas de tuerca, sobradas y constantes, la derrumban. Queda claro que Guy Ritchie tiene talento, lástima que se empeña en no usarlo a fondo.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com