THE OLD GUARD (2020) - clockwise from top: Matthias Schoenaerts ("Booker’), Charlize Theron ("Andy"), Luca Marinelli ("Nicky”). Photo Credit: AIMEE SPINKS/NETFLIX ©2020
Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Los inconvenientes de la inmortalidad.

En 1986, “Highlander, El Inmortal” del director australiano Russell Mulcahy debatía los pormenores de una vida eterna desde una perspectiva adversa, mostrándola no solo como una maldición por la eventual mortandad de seres queridos a los que se está sujeto sino que además debía defenderse de otros en condiciones similares mediante duelos a espadas donde sólo debía quedar uno vía decapitación. Este filme de culto no romantizaba una vida a perpetuidad -basta ver al personaje del villanazo Kurgan, interpretado a la perfección por Clancy Brown, para entenderlo- , y algo similar ocurre en “La Vieja Guardia”, producción de Netflix que adapta el cómic norteamericano creado por el veterano guionista Greg Rucka, quien se encargó de la adaptación a guion de su obra, y el dibujante argentino Leandro Fernández, pues su acercamiento a la existencia perenne es melancólico, en ocasiones filosófico y, también como ocurre en la cinta protagonizada por Christopher Lambert, no exenta de secuencias emocionantes y acción bien trabajada. De hecho, esta cinta protagonizada por Charlize Theron y dirigida por Gina Prince-Bythewood (“Sabor a Miel”) logra adentrar aún más al espectador en el espectro emocional y psicológico de estos seres perdurables al mostrarlos humanos demasiado humanos, vulnerables mental y físicamente e incluso finitos.
La película inicia con un grupo de mercenarios integrado por Andrómaca de Escitia, alias “Andy” (Charlize Theron), Booker (Matthias Schoenaerts), Joe (Marwan Kenzari) y Nicolo (Luca Marinelli) que son convocados para rescatar a unas niñas raptadas en Sudán del Sur. La misión resulta ser una trampa tendida por un operativo de la CIA llamado Copley (Chiwetel Ejiofor) quien trabaja para un acaudalado farmacéutico de nombre Merrick (Harry Mellin) con el fin de comprobar una cualidad que este equipo tiene: no pueden morir. Y en efecto, tras el sorpresivo ataque a los protagonistas, éstos reviven y ahora serán perseguidos por Merrick y Copley, por razones meramente capitalistas en cuanto al primero y otras muy personales para el segundo. En el proceso el comando de Andy se encontrará con una nueva inmortal después de 200 años de que no surgiera alguno en la forma de Nile (Kiki Layne), una soldado afroamericana de edad joven quien aportará algunas de las apreciaciones más relevantes y humanas sobre la imposibilidad de morir.
La directora Prince-Bythewood balancea con mucho cuidado las escenas de intimidad y desarrollo psicológico de sus personajes inmortales, las cuales brillan al presentarlos como seres vulnerables no exentos de dolor o pesares -sobre todo Andy, quien carga con demonios literalmente milenarios- que sobrellevan la inmortalidad sin siquiera saber por qué la poseen, y varias secuencias de acción muy bien manejadas al deslindarla del barroquismo cinético propio de filmes donde las cosas se resuelven a puñetazos o a punta de pistola como “John Wick” y demás, por lo que los violentos intercambios de golpes se producen mediante coreografías muy sobrias y, por ende, creíbles (destacando la confrontación entre Andy y Nile en un avión). La fórmula encuentra incluso cabida a una exposición ardorosa del amor, aún si ésta se genera de forma poco ortodoxa entre Joe y Nicolo, quienes son pareja homosexual desde hace siglos y su romance hace llevadera la vida eterna (una declaración por demás apasionada de Joe hacia su pareja en un momento cuando sus vidas están en riesgo es por demás contundente y quijotesco), incluso una figura adversa como su perseguidor Copley (Ejiofor) encuentra una vía de empatía cuando revela un rasgo de su pasado que justifica el asedio a este comando imperecedero.
A pesar de proceder de un cómic y contar con personajes de propiedades sobrehumanas “La Vieja Guardia” humaniza el proceso y permite que el espectador realmente se involucre tanto en la trama como con los seres que la habitan, toda una proeza considerando que éste tipo de producciones le eran ajenas a la directora, especialista en dramas minimalistas. El final apunta a que habrá secuela, y si llega a tener la calidad argumental e interpretativa de éste filme, entonces no hay problema en que se torne en una saga tan perenne como sus protagonistas.

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