Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

La deconstrucción de Safo

En 1974, el director John Cassavetes decretó mediante su excelsa obra independiente titulada “Una Mujer Bajo la Influencia” que la figura femenina debía escapar del retrato arquetípico que Hollywood le esculpió durante décadas en la pantalla grande, transitándola de entidad sumisa a femme fatale. Por supuesto, por cada representación prototípica hubo una Katharine Hepburn o una Bette Davies que quebraba el molde, pero fue la actriz Gena Rowlands en la película dirigida por su esposo Cassavetes quien reconfiguró la percepción que se pudiera tener sobre personajes femeninos al revelarnos a una esposa y madre con múltiples aristas psicológicas que hablaba más sobre una imagen muy real de la condición existencial de las mujeres justo en la curva hacia el nuevo siglo que de un afán iconoclasta por replantear su estampa en una industria chovinista y explotadora (aunque algo hubo de eso). Casi medio siglo después este legado prosigue alimentando la creativa mente de directores y guionistas como se puede apreciar en “Fragmentos de Una Mujer”, una apuesta algo temeraria por parte de Netflix por renunciar a cualquier matiz romántico y presentarnos una cinta que propugna la mirada visceral y franca sobre una joven que atraviesa una odisea emocional detonada por la pérdida de su bebé durante el parto. La mirada por la que opta su director, el cineasta húngaro Kornél Mundruczó, es la del lirismo mutado que no se percibe sino hasta el final cuando todas las piezas dramáticas se conjuntan y nos brindan un cuadro profundo y avasallante que se complementa cuando los otros componentes como las brillantes actuaciones y su sobria pero rica plástica visual se asientan en la mente del espectador una vez superada la estupefacción producto de la majestuosa pero brutal narrativa que se despliega ante nuestros golpeados ojos, oídos y mente, tal cual Cassavetes lo hiciera en su oportunidad.
Vanessa Kirby (“The Crown”, “Misión Imposible: Repercusión”) protagoniza de forma impecable esta cinta interpretando a Martha, una mujer en plenitud de facultades que está a punto de dar a luz. Ella y su esposo Sean (Shia LaBeouf en grato proceso de reinvención, resurrección y redención) han decidido tener a su hija en casa asistidos por una matrona llamada apropiadamente Eva (Molly Parker). Los primeros 30 minutos se nos narra con un pasmoso empleo de planos secuencias la labor de parto doméstica, un recorrido de potente naturalidad audiovisual que concluye de forma trágica. La trama comenzará su sesgo mediante capítulos que señalan el avance cronológico de la trama y que nos mostrarán el desgaste gradual tanto de la pareja como de su psique, tomando como eje principal el sentir y vivir de Martha, quien ocasionalmente encuentra solaz a su dolor interno en el olor y sabor de las manzanas por motivos que también alcanzan fervor simbólico y dramático en el tercer acto de la cinta. Su rostro es tan expresivo como una lápida y su cotidiano ha perdido todo brillo, lo que alarma e inquieta a su madre, una mujer dominante y adinerada de nombre Elizabeth (Ellen Burstyn obsequiando una de las mejores interpretaciones en su ilustre carrera), quien no se quedará de brazos cruzados mientras su hija se derrumba a la vez que lidia con su yerno (LaBeouf), un capataz en construcción de puentes con mente algo obtusa y pueril que ella jamás aprobó como pareja para Martha. Todos ellos colisionan como fuerzas meteorológicas unidos tan solo por el afán de sacar adelante sus vidas y una demanda penal en contra de la matrona, quien pudo o no ser responsable de la muerte de la infanta debido a una negligencia.
No cabe duda de que todo triunfo narrativo y dramático que posee esta cinta debe atribuírsele tanto a la sensibilidad con que Mundruczó aborda este delicado tema mediante su inteligente y cuidadosa selección de tomas, movimientos de cámara y silencios que acompañan las escenas más devastadoras como por el prodigioso reparto, el cual trabaja simbióticamente para inyectar de todo realismo posible a sus interpretaciones, sacando adelante escenas de gran crudeza y emotividad (v.g. la desgarradora confesión de Elizabeth a su hija Martha sobre su pasado con el fin de alentarla a seguir adelante con la demanda, tal vez el momento con mayor pulsión y desgarre de la cita y muestra de lo grande que es Burstyn como actriz). Los cambios estacionales aquí trabajan como los marcos que señalan los respectivos arcos argumentales que atraviesan los personajes, desde el invierno hasta el verano, acentuando la tesis que el director pretende generar con la evolución tanto climática como en Martha y sean: el cambio, una rotación continua en el alma y corazón de estas mujeres, madre e hija y que encontrarán la paz en algún momento, pero primero deberán afrontar el frío y un prolongado deshielo emocional. “Fragmentos de una Mujer” es un hermoso pero demoledor relato eminentemente femenino y universal en su manejo de temas que ya puede considerarse como una de las mejores películas de este año, posible contendiente a varios premios Oscar y de lo más destacado en el catálogo de Netflix actualmente, pro eso sí, visionarse solo con fortitud mental y estomacal, pues varios aspectos de la trama y ciertas imágenes no cuadrarán con mentes o estómagos delicados.

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