Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Por casi cien años la más famosa creación del escritor Sir Arthur Conan Doyle, el agudo y conflictuado (en ocasiones conflictivo) detective maestro Sherlock Holmes, ha sido objeto de revisión cinematográfica desde diversas ópticas, perspectivas, géneros e incluso periféricas, donde el investigador de pipa y lupa pasa a segundo o tercer plano para cederle protagonismo a otro personaje. Y justo eso es lo que sucede en “Enola Holmes”, producción de la Warner Bros. que vio truncados sus planes de estrenarla en cines debido a la pandemia y vendió los derechos de distribución a Netflix, servicio de streaming que tuvo a bien estrenarla hace un par de semanas. La cinta adapta el primero de los varios textos escritos por Nancy Springer hace más de una década sobre las juveniles aventuras de la hermana más pequeña de la familia Holmes, Enola, y el resultado, lejos de ser una estafa que explote la sensibilidad millenial donde se sacrifica caracterización seria o desarrollo dramático interesante en aras del espectáculo facilón, termina siendo una de las cintas más entretenidas del año tanto por un guion sólido cortesía de Jack Thorne como por la revelación actoral que significa la participación de su protagonista, la novel Millie Bobby Brown, quien logra una interpretación tan sólida que logra hacernos olvidar su ahora icónico papel de Once en la famosa serie también de Netflix “Stranger Things”, apropiándose del personaje mediante carisma y un lenguaje corporal distintivo.
La cinta, siempre sostenida por la voz de su estelar en off, explica desde el inicio quién es esta joven y en qué reside su singularidad -además de tener uno de los apellidos más famosos de la historia-. En las primeras secuencias podemos ver cómo es que su crianza se sale de lo común, pues su madre Eudora (la siempre confiable Helena Bonham Carter) la ha educado en casa en todo tipo de disciplinas, ya sea intelectuales, deductivas o físicas mediante la arquería, el combate cuerpo a cuerpo y la esgrima, entre otras, con el fin de sacar todo el potencial latente en su hija Enola (“Alone”, o “Sola” en inglés, marcando un rasgo de identidad que en el transcurso del filme será un elemento esencial). Sin embargo, al cumplir los dieciséis, la chica descubre que su madre se ha ido, lo que convoca la presencia de sus dos hermanos mayores, Sherlock (Henry Cavill) y Mycroft (Sam Claflin), quienes tienen ideas muy distintas sobre qué hacer con su hermana menor. El primero cree que se debe respetar su independencia y naturaleza librepensante, mientras que el segundo adopta la postura más anacrónica y machista y la inscribe a una academia tradicional de señoritas donde cree aprenderá todo lo necesario para ser una dama de sociedad. Como Enola es un espíritu rebelde, decide escapar de ese yugo y se embarca a la búsqueda de su madre, sólo para toparse en el camino con un joven marqués de su edad llamado Tewkesbury (Louis Partridge) quien huye de su madre porque no desea formar parte del estirado mundo protocolario que es el gobierno inglés, a la vez que es perseguido por un enigmático hombre que busca desaparecerlo como parte de una compleja conspiración que se fragua en el interior del Parlamento británico. Es en este punto de inflexión cuando Enola decide suspender la búsqueda de su madre, quien al parecer está involucrada en algún tipo de grupo insurrecto, para auxiliar al muchacho empleando todas sus habilidades de combate y detectivescas, a la vez que inevitablemente surgirá una chispa de romance entre ellos.
Mucho ayuda a la película que el director Harry Bradbeer trabaje las facetas de la historia que lidian con la intriga y las secuencias de suspenso y acción con la madurez y coherencia digna de una cinta de Sherlock Holmes pero relajadas con secuencias que dotan de identidad propia tanto al personaje de Enola como a su aventura, adoptando posturas brechtonianas como el rompimiento constante a la cuarta pared para enlazar a la audiencia en un espíritu lúdico que nos recuerda que éstas son las hazañas de la hermana más joven del inmortal detective o las constantes reflexiones que la protagonista tiene que ofrecernos en su papel de narradora sobre lo que siente o piensa sobre determinadas situaciones y eventos. Por fortuna, la película jamás se relaja al punto de la flacidez, pues siempre nos mantiene atentos mediante diálogos inteligentes, la persistente idea de que ésta es a fin de cuentas una historia sobre detectives mostrando a Enola descifrando las múltiples pistas que su madre va dejando en el camino para su decodificación o la resolución del misterio sobre el complot que se cierne sobre el marqués, así como la dinámica entre los tres hermanos, donde el mismo Sherlock aprenderá una o dos cosas sobre el proceso deductivo gracias a la protagonista sin que se demerite o diluya su figura. “Enola Holmes” es un deleite que puede verse en familia donde se testifica tanto el crecimiento histriónico de Millie Bobby Brown como el que un filme protagonizado por una adolescente no debe caer en la tontería complaciente o redundante, sino que puede resultar en un acto de entretenimiento hábil, ágil e incluso inspirador por su retrato claro de una fémina juvenil tozuda, perseverante, independiente y resoluta, algo que debería resultarle elemental a cualquiera.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com