Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

La guerra desde lejos.

Christopher Nolan es un director que ha logrado pulir su trabajo partiendo desde un punto interesante: sus historias. Si revisamos su filmografía, podemos apreciar que, aún si la puesta en escena es deslumbrante (“EL Origen”, la trilogía de Batman) o la estructura narrativa poco convencional (“Following”, “Amnesia”), son los componentes que integran la historia y el diseño de sus personajes los que realmente vertebran la cinta, y es por ello que es tan valorado por la crítica y su creciente grupo de admiradores. Con “Dunkerque”, cinta basada en los acontecimientos registrados del 26 de mayo al 4 de junio de 1940 durante la Batalla de Francia mientras se desarrollaba la Segunda Guerra Mundial en una misión denominada Operación Dínamo cuyo objetivo fue el tratar de rescatar a más de 400,000 soldados aliados confinados en las costas de Dunkerque por las fuerzas alemanas, sucede algo curioso: Nolan muestra una ambición no vista en sus anteriores cintas al mostrar la acción desde tres frentes diferentes (el aéreo, el naval y en la misma playa) pero ahora el guion va sacrificando los puntos que suelen fortalecer los trabajos del director en aras de la presentación de elementos, es decir, cuenta más la anécdota que el desarrollo de personajes o la exploración de situaciones, y eso hace de esta película algo más cercano a una transmisión del History Channel que de la visionaria postura de este cineasta. La composición dramática del filme incluso se antoja atractiva: mediante cortes directos y sin capitulación excesiva más que las rotuladas como “El Topo (Una Semana)”, “El Mar (Un Día)” y “El Aire (Una Hora)”, Nolan presenta con cierto frenesí las tres perspectivas necesarias para comprender cómo se efectuó la operación de rescate, tomando como base los intentos por sobrevivir de dos soldados británicos (interpretados por Fionn Whitehead y Aneurin Barnard) quienes tratan de encontrar refugio en “El Topo” (sumidero de la costa donde se encontraban agolpados varios soldados aliados tratando de escapar) y que terminan salvando a otro cabo evasor de un navío hundido (Harry Styles), mientras un comandante naval (Kenneth Branagh) trata de encontrar la solución a este predicamento. Por otro lado, un marinero veterano (Mark Rylance) y su hijo (Tom Gylne-Carney) se lanzan a la mar con la esperanza de ayudarlos asistidos por un ayudante joven e idealista (Harry Keoghan), solo para toparse con un soldado náufrago (Cyllian Murphy) quien tratará de detenerlos. Mientras tanto, un trío de pilotos tratará de derribar a los aviones enemigos, más el líder del escuadrón (Tom Hardy) se topa con decisiones de vida y muerte que pueden afectar el resultado de la misión.
Todas estas las viñetas se presentan de forma análoga, pero con una frialdad que no permite nos acerquemos jamás a los personajes o su emotividad, ya que ellos solo reaccionan, no producen, y a pesar de que todos convergerán en las playas de Dunkerque, el distanciamiento de Nolan en términos humanos no genera el regocijo o la emoción que se supone esto debe producir, al igual que ocurrió con “Interestelar”, donde la ciencia enfría el factor humano del relato. Y al igual que aquél relato de ciencia ficción, Nolan procura ocultar dichas carencias mediante un trabajo de cámara impecable y un montaje elaborado y preciosista, orillándonos a admirar más la forma que el fondo.
Sin lugar a dudas, Christopher Nolan posee un manejo de la cámara impecable e indiscutiblemente su trabajo como guionista es más que sólido, pero requiere un acercamiento más claro hacia lo que está trabajando y no enfocarse demasiado en cómo lo va a trabajar, al igual que ocurrió con “Tenet” (2020). Si supera esto, tal vez en algún futuro su trabajo será esa obra maestra que siempre parece estar a punto de producir pero que, al final, parece no llegar, tal y como el auxilio que esos soldados en la bahía francesa de 1940 anhelaban.

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