Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

El desamparo, aquí en la Tierra como en el espacio.

Si algo hay que reconocerle a George Clooney es su instinto de riesgo, pues todas las películas que ha dirigido conllevan una idea contraria, casi iconoclasta de lo que un galán de la pantalla puede o debe manejar cuando se sienta capaz de orquestar una producción cinematográfica. Poco a poco Clooney se ha labrado un idiolecto muy claro donde define sus preocupaciones creativas, particularmente el colocar en primer plano a personajes estigmatizados o de talante misántropo que llevan de la mano al espectador en su travesía por un autodescubrimiento que arrojará aspectos reveladores sobre él y su entorno, tal cual sucede en películas firmadas por el actor como “Buenas Noches, Buena Suerte”, “Confesiones de una Mente Peligrosa” y “Poder y Traición”. Y lo mismo se aplica con “Cielo de Medianoche”, su más reciente producción ahora respaldada por el gigante del streamingNetflix, donde la perspectiva del guion se bifurca al trabajar dos líneas narrativas que transcurren en paralelo y en conrrativas que transcurren en paralelo yfurca al trabajar dos lsonajes estigmatizados o diciones atmosféricas contrarias, ya que una se desarrolla en un desolado planeta Tierra mientras que la otra transcurre en el espacio, unificadas por la necesidad de conectarse una con otra debido a factores cuasi apocalípticos.

Clooney es uno de los estelares, interpretando al científico Augustine Lofthouse, hombre taciturno que esconde tanto un pasado triste como sus emociones tras su espesa barba que además se hace cargo de un observatorio en medio de la gélida nada del Ártico con el fin de comunicarse con una tripulación en el espacio profundo que fue enviada a una luna de Júpiter recién descubierta conocida como K23a fin de verificar su capacidad de sustentar vida, pues por una razón que jamás se aclara o menciona en el filme, nuestro planeta ha sufrido una tragedia que obliga a la población a guarecerse subterráneamente, por lo que esa nave representa la última esperanza de la humanidad. Lofthouse va contra reloj, pues posee un mal terminal que le obliga a constantes análisis y transfusiones sanguíneas e ingesta de medicamentos para mantenerse a flote, hasta que se topa con una pequeña niña llamada Iris (CaoillinSpringall), de quien sospecha quedó rezagada en la última evacuación, de la cual somos testigos al inicio de la cinta. La pequeña no habla, pero gradualmente se va transformando en parte integral de la vida de Augustine, quien además de sus empeños por transmitir información a la nave espacial sobre la condición de nuestro mundo para que no regresen, también se transforma en un padre forzoso para la chiquilla, a quien cuidará y protegerá de varias adversidades que se les presentarán, además de sentir cierto alivio e incluso cariño por la recién llegada.

Por otro lado, la vida en el espacio no está carente de riesgos y desesperanza, tal cual lo muestra el cotidiano habitado por la Capitana Sully (Felicity Jones), quien tiene varios meses de embarazo pero que trata a toda costa de llevar a su tripulación a casa sanos y salvos, incluyendo al comandante Tom Adewole (David Oyelowo), el ingeniero Sánchez (DemiánBichir)y la lugarteniente Maya (TIffany Boone). Su dinámica semeja a la de una gran familia, aislada en el cosmos y no exenta de algunos peligros, como una lluvia de meteoros que compromete la integridad de su nave.

La película hila su historia sin prisas y con varias contemplaciones, dejando que los personajes vayan creando las situaciones pero sin que ellos mismos expandan sus horizontes psicológicos. Las atmósferas desoladoras y situaciones de gran tensión sirven para que el espectador se prense de los resultados (un ataque de lobos, el escape de aguas heladas y una la fatal reparación de la nave tras los estragos causados por los cuerpos celestes, entre otras), pero al final no producen gran aporte en la confección macro de su narrativa, la cual nos habla de forma directa y clara sobre la soledad y el imperativo por recuperar todo aquello que nos hace humanos empero un trabajo argumental cosido incluso con los retazos de otras cintas (“Gravedad”, “Niños del Hombre”, “Interestelar”, etc.), lo que distrae más que aportar. Con todo Clooney realiza un gran trabajo tras la cámara, encuadrando y moviendo la cámara tan solo lo necesario, dotando a su filme de una plástica tersa y sólida que saca réditos plásticos de los escenarios naturales y sets creativamente diseñados, acercando a este trabajo a la ciencia ficción introspectiva y analítica de la escuela Tarkovsky, guardando las obvias distancias, por supuesto. “Cielo de Medianoche” es muestra de que George Clooney debería dirigir más a menudo, pues entiende al cine y su gramática, salvo un mayor arrimo al guion que conjunte de mejor forma todos sus elementos, pues aquí comprendemos los eventos, pero nos alejamos mucho de los personajes.

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