Por Juan Pablo Martínez Zúñiga

Una parodia involuntaria

Netflix es una compañía que ha logrado amasar millones de dólares al penetrar en la preferencia del colectivo en cuanto a sus rituales cinematográficos, sobre todo ahora que la cuarentena ha constreñido las opciones del cinéfilo en cuanto a degustación fílmica y que ve en esta compañía una opción viable, sobre todo por la apuesta que esta plataforma de streaming realiza ante varios proyectos que terminan por funcionarle tanto en crítica como en niveles de audiencia u otros que simplemente son un despilfarro de recursos sin miras o ganas de trascender. “Misión de Rescate”, una de sus más recientes producciones, es de los últimos ya que a pesar de contar con el padrinazgo de los ahora acaudalados y famosos hermanos Joe y Anthony Russo (las dos últimas de “Los Vengadores”, entre otros proyectos para la Marvel) y tener como protagonista a Chris “Thor” Hemsworth no logran presentar algo que Michael Bay no haya filmado anteriormente. De hecho, la película apuntala con tanto descaro su narrativa en los clichés y excesos dignos del director de “Transformers” que pudiera lucir como una parodia, sólo que desafortunadamente no lo es, pues la película se toma todo tan en serio en medio de una trama, desarrollo e incluso puesta en escenas absurdos que molesta más de lo que entretiene.
Hemsworth interpreta a Tyler Rake, todo un lobo solitario del recetario de lobos solitarios; taciturno, jamás sonríe, bebe, le gusta el peligro (en una ridícula escena se lanza por un peñasco para sumergirse en el océano… a pensar) y, como todo antihéroe que se precie, tiene un pasado doloroso visionado como un niño pequeño que pasea en la playa pero desenfocados para sugerir que ahora no existe y que alguna vez este hombre de roca fue feliz (bostezo). Su única actividad es vender sus impresionantes habilidades de combate cuerpo a cuerpo, infalible manejo de armas y un físico que resiste incluso la embestida de un automóvil sin que le signifique más que una molestia (y hay una escena bastante incoherente como prueba de ello) al mejor postor, empleando a una mujer de ascendencia imprecisa -aunque la piel morena y la contextura física nos sugiere el Oriente Medio- llamada Vik como enlace entre él y sus trabajitos. Ahora ella lo ha contactado para rescatar al hijo adolescente de un poderoso narco hindú (¡?) quien ha sido raptado por otro poderoso narco hindú y lo mantiene cautivo en Daccar, Bangladesh, un lugar tan bueno como cualquiera en vías de desarrollo si lo que se quiere es mostrar el insensible y racista contraste entre la población morena, aquí retratada miserable, corrupta y malvada y el salvador caucásico que incluso termina por ganarse el corazón del chico hurtado (cabe destacar que el filme está basado en una novela gráfica de nombre “Ciudad”, ambientada en Paraguay y donde la misión de rescate es una jovencita. Hablando de libertades creativas irracionales).
Como era de esperarse, la película es sólo una pasarela de persecuciones automovilísticas, peleas bien coreografiadas -la especialidad del director Sam Hargrave, quien debuta como cineasta después de realizar y coordinar escenas de riesgo ycombates físicos para varias cintas, incluyendo los filmes previos de los Russo-, explosiones y escenas anodinas que pretenden pasar por momentos dramáticos (la parte donde Tyler se confiesa con el chico logra pasmar por la poca firmeza e incluso gratuidad con que se maneja). Tal es la desesperación de la cinta por tomarla en cuenta como algo más que un filme de acción genérico que incluso se tomaron la molestia de planificar un plano secuencia de diez minutos donde pasa de todo, menos algo interesante o novedoso, pues de nada sirve la maestría técnica si los personajes que la desarrollan nos importan un pepino, y ese es el clavo final en este largo y tedioso ataúd, pues tanto Tyler como el joven hindú, así como todos los personajes de apoyo, no califican ni como caricaturas, ya que su existencia está supeditada al momento sin que logren avanzar por ellos mismos algo, definiendo la naturaleza del discurso a meros momentos de impacto desprovistos de diálogos relevantes o un infinitesimal muestra de rasgos psicológicos aceptables (y no, los flashbacks melancólicos de Tyler no cuentan porque no añaden textura alguna a su psique, sólo es un chantaje emocional barato). Sería preferible si el público mejor no aceptara esta “Misión”.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com