“LOS HOMBRES X ‘97” – DISNEY+

La franquicia de “Los Hombres X” es tal vez la más quimérica de la compañía Marvel por varios motivos, comenzando por su aceptación masiva por parte de una comunidad de fanáticos que pareciera van mutando a la par que estos héroes creados por Stan Lee y Jack Kirby hace 60 años, pues los lectores de la generación del Flower Power aceptaron sin reservas un cómic definitivamente incluyente donde sus integrantes se conformaban por individuos superpoderosos de diversos estratos sociales, géneros y, lo más importante, razas, justo en una época donde la segregación era pan de cada día en la Norteamérica de Kennedy. Ahora su prole en forma de hijos y nietos prosiguen con su aparatoso consumo en forma de historietas, películas y series de televisión sin cuestionar la alegoría que representan estos Homo Superior de ficción sometidos al estatus de parias sociales por un mundo que les teme y odia en tanto que berrean y vociferan contra la dichosa “Cultura woke”, una en la que Wolverine y compañía curiosamente ingresan sin duda alguna. Esto sale a colación debido a que temas como la tolerancia, la aceptación y la xenofobia son el punto nodal de “Los Hombres X ‘97”, serie que me ha sorprendido por la forma tan solvente y clara con que trabaja esta materia (claro, con sus respectivas concesiones al público juvenil) mientras se permite explorar fluidamente ciertas patologías y rasgos psicológicos de varios personajes con un hilo argumental que se inclina al drama. Nada mal para lo que se suponía sería una calistenia nostálgica encargada de resucitar la añorada serie de T.V. noventera sobre estos perseguidos pero aguerridos personajes.

“Los Hombres X ‘97” retoma la línea argumental con la que concluyó la serie original, en la cual el equipo conformado por Cíclope, Jean Gray, Tormenta, Bestia, Júbilo, Gambito, Rogue y Wolverine ha perdido a su líder, el Profesor X, en un atentado. La responsabilidad de guiarlos cae en su archienemigo Magneto por deseos post mortem de su desaparecido mentor, y ello acarreará una serie de consecuencias negativas al verse asediados por la prensa y el gobierno de los Estados Unidos debido a la presencia supuestamente bienhechora del otrora villano.

Con este germen narrativo el creador de la serie y guionista principal Beau DeMayo irá deshilvanando una interesante trama a lo largo de 10 episodios sustentada en la focalización de personajes específicos para horadar en sus traumas y conflictos, como el caso de la tensa relación sentimental entre Cíclope y Jean debido al bebé que esperan con un giro de tuerca ya entrada la serie, la lucha interna de Tormenta a nivel identitario detonada por la pérdida de sus poderes, el triángulo amoroso entre Rogue, Magneto y Gambito definido por la tragedia al no poder ella tocar a alguien debido a su poder de absorción de energía a nivel táctil o los factores sociopolíticos que afectan a la comunidad mutante aparentemente resueltos con la creación de una isla llamada Genosha que los alberga, pero inevitablemente un blanco para los extremistas caucásicos que no los tolera erogando en uno de los momentos más impactantes de la temporada.

Todos estos componentes producen una coalescencia dramática coherente y elegante gracias al correcto uso del ritmo y economía de elementos narrativos que permiten introducir a los espectadores tanto geek como casuales a todo este proceso sin percibirse demasiado ajenos. DeMayo añade texturas y dimensión a su dramaturgia empleando sabiamente diálogos inteligentes y herramientas diegéticas básicas como la música (un gran trabajo de los Hermanos Newton) y un proceso de animación respetuoso de la plástica de antaño pero estilizada con técnicas similares al anime. Por supuesto, no todo queda terso y se producen algunos bemoles característicos de un proyecto episódico (el episodio “Motendo” es su momento más flojo y algunos elementos como la llegada de Cable, personaje futurista, se produce de forma descuidada y atonal), pero el conjunto es más que funcional, emotivo y entretenido, por lo que podemos seguir pregonando sin pudor ¡A mí, mis Hombres X!

“ATLAS” – NETFLIX

 La paranoia que produce el auge de la Inteligencia Artificial en nuestro cotidiano ya se perfila como el ingrediente favorito en los filmes de ciencia ficción a la vez que también señala mediocridad argumental, pues en lo que va del siglo, películas como “Ex Machina” (Garland, E.U., 2014) o “Resistencia” (Edwards, E.U., 2023), entre muchas otras, no alcanzan a focalizar el concepto más allá de las introspecciones dizque filosóficas de la primera o la conceptualización de tal tecnología como villana impenetrable según la segunda. El término medio parecía ofrecerlo “Atlas”, cinta de Netflix que arropa de nuevo a la cantante metida a actriz Jennifer Lopez después de sus descalabrados filmes “La Madre” y el indigerible documental “Medio Tiempo”, pero el resultado viene a ser el mismo, confirmando aquello que decía Einstein de que la locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes. A estas alturas, la compañía de la consonante roja ya debe estar loca de atar, sobre todo si prosigue con su empeño de darle estelares a Lopez, una de las presencias más anodinas e irritantes por su inoperante histrionismo que siempre se conduce por los mismos carriles para llegar a los sitios de siempre.

La otrora esteatopígica celebridad encarna en esta ocasión a una analista de sistemas en un futuro muy, pero muy lejano que debe asesorar a un grupo militar que viajará a otro planeta para enfrentar a Harlan (Simu Liu), androide poseedor de una IA rebelde que planea aniquilarnos. Como suele pasar en estos caprichosos guiones, Harlan siempre irá un paso adelante y logra aniquilar al pelotón apenas arriban, y corresponde a Atlas Shepard (sí, así se llama el personaje de Lopez y nadie hace algo al respecto) en alianza con un exoesqueleto de proporciones masivas llamado Smith (voz de Gregory James Cohan) detener al sintético maloso. El chiste durante el desarrollo es que la protagonista es tecnófoba por razones algo simplonas y manipuladoras que vinculan su odio a las máquinas con el mismo Harlan, y así, antes de que puedan decir “¿Qué no hay una película parecida titulada ‘Yo, Robot’?”, Atlas y Smith tendrán una relación amor-odio que todos sabemos culminará más en lo primero que en lo segundo una vez llegamos al tercer acto, porque ella comprenderá que a pesar de los circuitos y la voz monocorde, los seres sintéticos también son personas… o algo así. Todo es más forma que fondo, con mucho CGI que jamás le otorga algo de credibilidad al diseño de arte, mientras que la trama avanza a trompicones hacia el trillado clímax donde todo entra donde debe. Pero, ¿qué más podíamos esperar del director Brad Peyton, procreador de churros agrios como “Terremoto de San Andrés” y “Rampage”? Así que, si tiene dos horas (el descaro de algunos estudios) que le sobren, estoy seguro de que por ahí tiene un buen libro o una serie o película pendientes que, sin lugar a dudas, le dará más réditos neuronales.

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