Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Para averiguar qué tan difícil es llevar una figura tan popular como Santa Claus al cine, basta con revisar la filmografía del regordete y barbado personaje y encontraremos que en un cúmulo de cintas contadas por centenas, un elevado porcentaje se enfoca a explotarlo como instrumento de chantaje maniqueo y sensiblero, independientemente si es el protagonista o no. Y no podemos culpar a la industria cinematográfica por ello, ya que todo proyecto que involucre festividades tan familiares con raíces espirituales, como lo es Navidad, invariablemente tendrá que venderse mediante la optimista percepción cultural que el colectivo tiene sobre esa fecha. Vamos, ni siquiera proyectos rebosantes de bizarra demencia como “Santa Claus Conquista a Los Marcianos” (Webster, E.U., 1964), el psicotrónico y exquisitamente chafa “Santa Claus” (1959) de René Cardona o “Rare Exports” (Helander, Dinamarca, 2010) –muestra de que también en países con pedigrí fílmica se cuecen habas alucinantes– pudieron exiliar de su ejercicio argumental soplos de cursilería. Y la nueva película de Netflix para esta temporada, titulada “Las Crónicas de Navidad”, tampoco se exenta de ello, pero posee dos elementos que trabajan a su favor: un guion muy ágil y entretenido que resuelve con soltura lo usualmente chabacano y a Kurt Russell como un eficaz Santa muy alivianado, sagaz y que no le rehúye al “despapaye”.

La historia parte de un lugar común: dos hermanos, la pequeña Kate (Darbie Camp) y el adolescente Teddy (Judah Lewis) llevan una relación tirante debido al extenuante trabajo de su madre y la pérdida de su padre, un bombero fallecido en un incendio, lo que orilla a cada miembro de esta rota familia a lidiar con la situación, en particular los hijos quienes toman vías muy radicales al respecto, pues Kate no pierde el optimismo y carga con una videocámara por doquier para registrar la vida como va y Teddy, sumido en una depresión, antagoniza constantemente a su hermanita a la vez que corre el riesgo de consumar una carrera delictiva. Pero una Navidad, gracias a una de las cintas de Kate, descubren que Santa Claus es muy real y deciden esperarlo, aprovechando que su mamá tendrá turno nocturno en su lugar de trabajo, lo que llevará a los chicos a toparse con el mismísimo San Nicolás (Russell) pero con resultados desastrosos, pues Santa ante la sorpresa de ser descubierto termina perdiendo su trineo, renos y bolsa de regalos y corresponderá a los hermanos recuperarla si quieren que la Navidad subsista.

El aspecto más fresco de esta producción de Netflix es el agudo sentido del humor que emplea el director Clay Kaytis para abordar a un personaje usualmente investido de solemnidad y rectitud, y con esto no me refiero a que el Claus de Kurt Russell sea un dechado de incorrección política –la película está diseñada para ser vista en familia–, pero sí sorprende el tono relajado e incluso renovado con que lo diseña a base de su característico carisma y desenfado como para desprenderlo de los Santas convencionales. Asimismo Darbie Camp y Judah Lewis proveen de gracia y calidez a la trama gracias a una dinámica cuidada donde no cuesta trabajo creer que son parientes al tratarse realmente como tales. En el trayecto habrá persecuciones policiacas, enfrentamientos con maleantes, ataques de elfos generados por computadora y un número musical tras las rejas completamente inesperado, componentes que podrían entrar con calzador en una cinta de estas características, pero aquí embonan con fluidez y contribuyen a que el entretenimiento se dimensione más allá del mero salvamento del espíritu navideño.

Gracias a estos detalles y a las solventes actuaciones (además de un sorpresivo cameo de Goldie Hawn, esposa de Russell en la vida real), “Las Crónicas de Navidad” es más un apreciado regalo bajo el árbol y no un carbón en el calcetín.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com