“EL DURO” (“ROAD HOUSE”) – PRIME VIDEO

Ah, los ochentas. Ésa caótica era donde el cine sirvió para celebrar las fantasías onanistas más ampulosas de cepa testosterónica donde los héroes del celuloide ya no cabalgaban o portaban armadura, sino conducían autos a toda velocidad sin importar el probable riesgo a lo ajeno (vidas o propiedades) repartiendo en proporciones casi equilibradas golpes a los maleantes y caricias a las voluptuosas féminas en un desdoble de sexualidad pareja donde tanto ellas como ellos mostraban en obsequiosos close-ups sus esculpidos cuerpos (gracias por eso, Van Damme). Ejemplos hay demasiados, pero aquella fábula con todo y su moraleja sobre el respeto a lo comunal que fue “El Duro” (1989), justo en el pináculo narcisista del carismático pero bien limitado en eso de lo actoral Patrick Swayze, se permitió el emancipado de las explosivas correrías de los hercúleos monosilábicos de siempre como Stallone y Schwarzenegger con un guion y personajes tan estúpidos que terminan siendo entretenidos entre los discursos zen del protagonista, la muletilla argumental de la venganza y ésas poses elegantes kitsch únicas de aquella década.

Todo esto se pierde en el remake para Amazon Prime Video pero se ganan otros aspectos a considerar, como una actuación más lograda de su protagonista Jake Gyllenhaal luciendo una anatomía rebosante de anabólicos y supliendo la impávida faz de Swayze con sonrisitas mordaces a la “Donnie Darko” y gestos de niño regañado. La cinta original relataba la llegada de un experto en peleas llamado Dalton –con todo y pasado oscuro- a un bar sumido en el sur estadounidense asolado por una clientela violenta y el riguroso mafioso ochentero (el muy querido Ben Gazzara) que desea hacerse del local con ambiciosos fines típicos del capitalismo yanqui. Aquí la acción se traslada a Florida donde Dalton (Gyllenhaal), ahora un ex combatiente de la UFC, es el sacaborrachos de un antro más inofensivo que su filme predecesor pero igual asediado por motociclistas necios, ebrios alegadores con tendencias homicidas y si, un adinerado maleante (Billy Magnussen) ansioso por comprarle a la dueña del bar (Jessica Williams) el terreno porque se interpone en sus planes de gentrificación. Todo transcurre de acuerdo al recetario: Dalton hace amigos (una jovencita que trabaja en la librería de su papá quien innecesariamente nos recita los paradigmas del género western que se van cumpliendo a pie juntillas), éstos invariablemente se verán en riesgo por sus nexos con el (anti)héroe, Dalton le parte su mandarina en gajos a medio mundo de malandros, se enamora, se enfrenta con el jefazo principal y su matón –otro ex luchador interpretado con mucha gracia por el gesticulante Connor McGregor- y así… .Pero mientras que la historia rebosa en clichés, el trabajo de cámara destaca gracias a la inventiva con que el veterano director Doug Liman (“Identidad Desconocida”, “Al Filo del Mañana”) trabaja las escenas de pelea y sus momentos más quietos mediante suaves y efectivas transiciones o miradas subjetivas/objetivas bien colocadas en las broncas clave.

Ésta nueva versión de “El Duro” carece de ese delirante sentido de la ética profesional y sus bizarros acercamientos a la camaradería/vínculos interpersonales, compensándolo con creatividad visual, cierto sentido de la brutalidad malsana y un suavecito pero operativo sentido del humor que le permite defenderse sola aún cuando la sombra de su predecesora se proyecta con intensidad en la memoria de cinéfilos con cierto kilometraje como su servidor.

“DAMISELA” (“DAMSEL”) – NETFLIX

En un reino de ensueño, una joven llamada Elodie (Millie Bobby Brown) accede a casarse con un apuesto príncipe (Nick Robinson) por instancias de su padre. Al conocer a su prometido, su madre, la reina Isabelle (Robin Wright), la conduce por una serie de actos protocolarios que culminan con el arrojo de Elodie a un vacío donde mora una temible dragona, a modo de ofrenda para perpetuar un terrible secreto, producto de un acto deleznable por parte del rey. En estas grutas, la chica deberá aprender a sobrevivir y encontrar recursos para vencer a la bestia, mientras encuentra la fuerza para confrontar a la terrible soberana Isabelle.

La película, dirigida por Juan Carlos Fresnadillo (“Exterminio 2”, “Intrusos”), padece de un abuso del CGI que socava cualquier intento por crear atmósferas convincentes de cuento de hadas, afectando su credibilidad a nivel visual y narrativo y dejando toda la carga dramática a Brown, quien trabaja mejor en ensamble que en solitario, aunque en momentos casi lo logra (las escenas donde charla con la escupefuego escamosa —así es, la criatura mítica es más que elocuente en este filme— son destacables, así como aquellas donde muestra vulnerabilidad, aportando cierta humanidad). Sin embargo, su desarrollo parece enfocado en constituir su empoderamiento para romper el paradigma de la damisela en peligro, transformándola en heroína, lo que atenúa sus posibilidades psicológicas o emocionales. Y si esto ocurre con la protagonista, poco se puede esperar de los personajes secundarios, incluyendo a la madrastra de Elodie, Lady Bayford, interpretada por una desaprovechada Angela Bassett, a quien se le asigna un papel meramente ornamental, sin razón o propósito significativos. “Damisela”, como muchas de las películas producidas por Netflix, tiene buenas intenciones, pero estas también pavimentan el camino hacia la mediocridad cuando no se desarrollan plenamente las promesas.

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