Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Pobre niño listo y rico

Esta es la historia de un niño en edad prepúber que es millonario, desmesuradamente inteligente y además, según los libros en que esta cinta está basada, una mente maestra criminal. Con estos ingredientes, el resultado debería ser todo un ejercicio en entretenimiento punzante y mordaz, pero en lugar de ello esta producción de la Disney sometida a los legendarios problemas de producción que involucran extensos retrasos en su producción, constantes revisiones e intromisiones por parte del estudio y descarte de escenas que volvieron a ser filmadas es un completo desastre y el verla es toda una ordalía, pues todo su ritmo se basa en la ejecución de escenas inconexas en cuanto a sentido y fondo, trabajando una historia que en momentos quiere ser para toda la familia y en otros como que asoma temas más serios, llevada por personajes ridículos en cuanto a su presentación y con severas discapacidades motivacionales, lo que paraliza cualquier buena intención narrativa que tuviera el director Kenneth Branagh (sí, ese Kenneth Branagh, el director shakespereano que ha cosechado varios premios de prestigio y los favores de la crítica y el público por casi tres décadas). Pero creo que no se le puede culpar por completo, tan solo por el terrible montaje y varias decisiones creativas cuestionables, ya que el guion simplemente no procura cohesionar todas las subtramas en una trama homogénea e interesante ponderando las secuencias movidas y barriendo con las introspectivas.
Y es una pena, porque la película inicia prometedoramente: un supercriminal llamado Artemis Fowl (Colin Farrell), conocido por sus ambiciosas fechorías y peculiares hurtos (algo así como un Gru de carne y hueso) ha desaparecido, capturado por un misterioso villano encapuchado de sexualidad dudosa llamado(a) Opal Koboi, quien está convencido(a) que el famoso bandido tiene en su poder el Áculus, la fuente de poder de todo el mundo de las Hadas (según una de ellas, el equivalente a nuestro Sol), las cuales no solo son reales, sino que además poseen una fuerza militar capaz de avasallar con nuestro mundo dirigida por la Comandante Root (Judi Dench), quien está decidida a recuperar el Áculus. Por su parte, Artemis Fowl Jr. (Ferdia Shaw), un chico por demás brillante, estudioso pero también ominoso, hará todo lo necesario para recuperar a su padre, incluyendo trazar un complicado plan que involucra apresar a una hada llamada Holly Short (Laura McDonnell) a modo de señuelo para atraer a Root y sus fuerzas mágicas con el fin de encontrar el Áculus y encontrar a su padre, apoyado por su fiel mayordomo Domovoi Butler (Nonso Anozie) y su sobrina Juliet (Tamara Smart). El acto intermedio del filme será un sitio en la mansión Fowl ante la milicia de las hadas mientras Holly Short elige lealtades, Artemis descubre que su enorme inteligencia no puede resolver todo sin la ayuda de amigos y surge un fastidioso personaje llamado Mulch Diggums (Josh Gad), un “enano gigante” con la habilidad de cavar cual topo y expeler la tierra por el trasero. Ese es precisamente el nivel de inteligencia que aborda esta película, empleando las herramientas más sobadas y trilladas del género fantástico para hacer su armado argumental, además de intercambios verbales absurdos que se antojan por demás telenoveleros o cursis (v.g. Butler: “¿Asustado, Artemis?” Artemis: “Prefiero ‘asustado de muerte’”, jojo). Me resisto a creer que “Artemis Fowl: El Mundo Subterráneo” fuera dirigida por Branagh, que actores del calibre de Judi Dench o Colin Farrell accedieran a participar sin haber leído el guion o a punta de pistola o que la carrera de los jóvenes talentos tal vez encuentre un final abrupto ante el abismo de filme en el que han participado -hay que reconocerlo, tanto Shaw como McDonnell y Anozie lo hacen muy bien-, pero la triste realidad es que esta cinta muestra todo lo que es preferible no hacer en cine: historia desperdigada, personajes ciclados en sí mismos y muchos, pero muchos clichés. Para ser una cinta que trabaja elementos mágicos en su historia, carece de ella para permanecer en la memoria del respetable.

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