Por Juan Pablo Martínez Zúñiga

Duelo de depredadores

Esta película borra muchas líneas. La mayoría de ellas relacionadas con la óptica moral que el espectador normalmente aplica en todo trabajo de ficción para establecer un barómetro maniqueo sobre los personajes, por lo que creo es pertinente aclarar desde un principio: aquí no hay entidades “buenas” o “malas”, sino personas ruines que se topan con otras aún peor. Y es esta indecorosa postura la que adopta el movido guion en este proyecto para Netflix, lo que lo distingue y permite matizar la experiencia como algo atípico, pues los protagonistas son deleznables y jamás buscan nuestra simpatía, lo que en otras manos pudo ser el acabose para la cinta, pero, por fortuna, el guionista y director J Blakeson (“La Desaparición de Alice Creed”) aprovecha cada mililitro de mala leche que posee su venenosa y oscura historia para confeccionar un ameno e inteligente thriller de ácida comicidad sin pedir ni dar cuartel al espectador, lo que, al parecer, le ha acarreado varios enemigos cultivados por un cine acomodaticio y laxo ¿Lo más inquietante de “Descuida, Yo Te Cuido”? Que no se aleja mucho a la realidad que vive un gran porcentaje de la población anciana norteamericana.
El protagonismo recae en una mujer con alma depredadora llamada Marla Grayson (Rosamund Pike, quien anda haciendo callo en esto de interpretar personajes femeninos capaces de masticar y escupir a cualquiera que se le atraviese después de su memorable rol en “Perdida”), una mujer que legalmente adquiere la custodia de ancianos una vez que los médicos los encuentran incapaces de llevar una vida en solitario. Ella los confina en un elegante asilo donde se les aísla para desvalijarlos de cualquier pertenencia, propiedad o cualquier elemento de valor, junto a su amante Fran (Eiza González, obsequiando una actuación detallada), una mujer sagaz y algo ruda con contactos en el departamento judicial. Ahora, ambas han puesto sus ojos en Jennifer Peterson (la estupenda Dianne Wiest), una mujer adinerada que pudiera ser su mejor golpe a la fecha, pues, además de una cuantiosa cuenta de ahorros, no cuenta con el nombre de algún familiar o amigo en su historial. Lo que parece una estafa maestra da un giro de 180 grados cuando un misterioso gánster (Peter Dinklage), relacionado nebulosamente a la señora Peterson, toma cartas en el asunto y hará lo que sea con tal de liberarla del “cuidado” de Marla, lo que dará pie a una guerra de voluntades donde el pez aparentemente más pequeño mostrará dientes igual de largos y filosos que el más grande.
Básicamente, el argumento concentra todo el drama en la batalla entre dos entidades monstruosas pero muy específicas. La historia permite que sus psicologías vayan encontrando pulimiento mediante los eventos conforme van escalando en magnitud, fuerza y violencia, pues ninguno cederá hasta que una o el otro haya muerto, y este juego de amoralidad narrativa probablemente desbalancee a más de uno, pero, si logra penetrar allende la desolación ética que se plantea, encontrará un discurso que coquetea hábilmente con la sátira, denunciando con mesura y sobriedad el desequilibrado sistema de salud estadounidense. Para cuando el abogado del mafioso, encarnado con carisma y casi empatía por Chris Mesina, llega con Marla para tratar de convencerla por la buena de que libere de su custodia a Jennifer, la película ya ha encontrado su ritmo y ahora no le queda al espectador más que tratar de averiguar cuál de estas alimañas saldrá triunfante. El resultado puede conmocionar, pero no cabe duda de que forma parte de la lógica interna de este turbio trabajo.
“Descuida, Yo Te Cuido” presenta una lucha de voluntades atada a un cierto sentido de realidad y, si esto no logra convencer a quienes buscan tan sólo pasar un buen rato (y, en cierta forma, esta cinta sí lo provee más desde una perspectiva relativamente torcida), las excelentes actuaciones, la montaña rusa argumental y el consistente trabajo de Blakeson en la dirección y libreto debería hacerlo.

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