Por Juan Pablo Martínez Zúñiga

Pueden sacar al hombre de una guerra, pero no a la guerra de un hombre

El realizador afroamericano Spike Lee supo capturar el zeitgeist racial vivido en los Estados Unidos hace 30 años cuando estrenó su excelente diatriba urbana “Haz Lo Correcto”, justo en el momento cuando la negritud norteamericana despuntaba gracias a su notoriedad y subsecuente fama en los deportes, la música y el cine. El discurso que ha desarrollado desde ese entonces se focaliza principalmente en las variantes socioculturales que su raza ha enfrentado a raíz de la perenne xenofobia de sus coterráneos caucásicos, ya sea desde diversas ópticas como la de sus paladines (“Malcolm X”), la histórica (“Más y Mejor Blues”, “Crooklyn”) o aquella que desprende una exploración moral del urbanita (“Hermanos de Sangre”, “La Hora 25”), mutando el idiolecto hasta configurar su presencia como el de uno de los pocos genuinos autores negros que prevalecen en el cine anglosajón, siempre decantando su mirada a los aspectos políticos que rigen su cotidiano étnico. Y este elemento es precisamente el que lleva la batuta argumental en “5 Sangres”, su más reciente producción estrenada recientemente en Netflix en este segundo aire que agarrara su carrera después del ímpetu vivido por su excelente sátira “El Infiltrado del Klan”. Su nuevo filme carece de la uniformidad y concreción dramática de ésta cinta postulada al Oscar, ramificando el guion hacia múltiples subtramas que en ocasiones no conectan con la idea principal, pero termina siendo un relato bien contado con ciertos matices poco explorados en el cine que le permite a su veterano cuadro de actores, particularmente a un eterno secundario como Delroy Lindo, brillar como nunca.
La historia gira en torno a Paul (Lindo), Otis (Clarke Peters), Melvin (Isaiah Whitlock Jr.) y Eddie (Norm Lewis), veteranos de la guerra de Vietnam que deciden regresar al país asiático para recuperar una cuantiosa cantidad de oro supuestamente otorgada por el gobierno norteamericano para apoyar al pueblo vietnamita y que ellos ocultaron durante su campaña bélica en aquel entonces a instancias de su comandante, “Tormenta” Norman (Chadwick Boseman), quien muere en combate. Cada uno de ellos tiene sus propios problemas, pero los verdaderos demonios afloran cuando arriban y poco a poco los recuerdos de sus experiencias vividas en la jungla se van detonando como granadas, particularmente en Paul, quien vive atormentado por tales memorias e incluso jura conversar con “Tormenta” todas las noches, síntoma de su estrés post traumático que además no le ha permitido llevar una relación sana con su hijo David (Jonathan Majors), quien arriba sorpresivamente para unirse a la experiencia. La erosión gradual que vive el grupo a raíz de las diferencias que los marcan conforme han envejecido (a pesar de la militancia con su raza, uno de ellos confiesa haber votado por Donald Trump e incluso usar la gorra roja con el infame lema “Make America Great Again”) los llevará por sendas indeseables tanto en su trato entre ellos como con su entorno, culminando en otro conflicto pero ahora personal e íntimo donde vemos que no importa cuánto tiempo pueda transcurrir, la guerra mora en el alma de quienes la viven.
El serpentino guion confeccionado por Danny Bilson, Paul De Meo, Kevin Wilmott y el mismo Lee abarca muchas ideas que cimientan la postura de éste último como discursante a favor del afroamericanismo utilizando pietaje noticioso y fotografías históricas que realcen las ideas manifestadas por grandes impulsores de la ideología negra a lo largo de los años o del conflicto mismo como muestra de la brutalidad aplicada por la milicia gringa (Mohammed Alí abriendo la cinta explicando sus objeciones a la Guerra de Vietnam, los bombardeos con napalm a la villa de Trang Bang, etc.), además de los constantes diálogos que abordan estos temas. En este filme Lee sacrifica sutileza narrativa para golpear de frente y con fuerza al espectador con sus reflexiones sobre lo que le significa este periodo temporal empleando recursos sacados también del cine mismo (en una escena los protagonistas llegan a Ciudad Ho Chi Minh para beber en un club llamado “Apocalypse Now”, seguido de una secuencia en helicóptero con “La Cabalgata de las Valquirias” de Wagner al fondo), pero son los personajes y sus intérpretes los que mantienen a flote el relato, entre la paranoica y violenta disposición de Paul o el interesante trasfondo en el pasado de Otis donde vemos cómo se relacionó sentimentalmente con una prostituta vietnamita dando como resultado una hija mestiza. El desgrane emocional que viven pone de manifiesto cómo les resulta imposible vivir el presente o aspirar a un futuro si el pasado los devora con tal fruición. Escenas que involucran minas terrestres, conflictos con otros personajes como el de una francesa adinerada y su grupo que buscan expiar culpas por sus incursiones capitalistas en la empobrecida nación desactivando bombas y ríspidas interacciones con vietnamitas, quienes tampoco pueden olvidar los abusos sufridos por el ejército estadounidense solo pluralizan las intenciones dramáticas del director amarrando algunas mejor que otras. Son tantas las ideas desplegadas que resulta difícil cohesionar todo en una narración precisa, dispersando ocasionalmente el resultado.
No cabe duda que un director tan prolífico como Spike Lee siempre sorprenderá con su trabajo, y aún si “5 Sangres” no está a la altura de otros proyectos suyos, sí muestra una amalgama veraz de detección racial, histórica y nacional característica de sus incursiones narrativas, y creo que por ello vale la pena.

Coreo: corte-yqueda@hotmail.com

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