Moshé Leher

La ocurrencia no merece más comentario que los que ya han hecho, a favor y en contra, los ociosos que deben tener tanto trabajo que se entretienen haciendo esas cosas llamadas ‘memes’ (¿de memez?: condición de ‘memo’: tonto, simple, mentecato), cada vez que al presidente le viene una de sus ideotas a la cabeza, cosa que pasa un día sí y el otro también.

Por no dejarme enredar y por asociación mental recuerdo una propuesta similar, aunque mucho más inteligente, lo que es casi una afirmación tautológica, que hizo en su ‘Homenaje a Cataluña’ George Orwell, quien reclamaba a los anarquistas (matones) de las FAI que en su delirante campaña destructora querían incendiar Barcelona, España y el mundo entero, no haber dinamitado, como alguien propuso, la Sagrada Familia.

Orwel alegaba, cosa que yo suscribo, cuestiones estéticas: el dichoso templo de Gaudí, además de siniestro, es horrible, como muchos de los engendros de Gaudí, verbigracia el tenebroso Parque Güell, aunque yo excluiría la Pedrera, por razones que no tienen cabida aquí.

Pedir que se desmonte, se derribe o se dinamite la Estatua de la Libertad, por el asunto del tal Assange, es otra cosa: en primer lugar un asunto que a mí ni me va ni me viene -bastante tengo con mis pequeños dramas y todavía más con los problemas del país-, y que supongo que tampoco es una cuestión que debe ocupar la hiperquinésica y preclara mente del señor de Palacio, ocupado como debe tenerla en asuntos tan capitales como: parar la matanza, enderezar la economía, exterminar a sus críticos y otros temas caros al bienestar de la Patria.

Ya puestos a emular al siempre bien recordado Eróstrato, hay que pasarle una tarjeta al señor López, con una lista de monumentos y edificios famosos a dinamitar, cada vez que aquí las cosas se le pongan difíciles y necesite alguna cosa que destruir para entretener a sus adoradores, al parecer inmunes de los males nacionales: comenzando, tal vez, por hacer volar por los aires las coloridas torres en forma de hongo de San Basilio (y de paso todo el Kremlin), la Ópera de Sidney, el Empire State, el Arco del Triunfo de París (Mejor todos los arcos del triunfo del planeta), el Escorial, el Obelisco de la avenida 9 de Julio de Buenos Aires, la columna de Trafalgar Square en Londres, la Puerta de Brandemburgo de Berlín…

No sé, quizá también los Arcos de Sant Louis Missouri, la ciudad de Machu Picchu, la Catedral de San Marcos en Venecia, el Belvedere de Viena, el Puente Carlos de Praga, las Pirámides de Egipto, el Coliseo romano, la Giralda de Sevilla, el Partenón de Atenas y, ya encarrerados, hasta el Manneken Pis de Bruselas, todos símbolos de alguna época infame de la humanidad, o de alguna obscenidad como en el último caso.

Agregue a esta lista el monumento representativo que quiera que sea convertido en cenizas (menos la casa de su suegra).

Y no crean que lo mío es un arrebato destructor de un orate; lo que pasa es que si el señor López se entretiene acabando con los símbolos de la civilización del mundo -se estremece la humanidad ante su mirada de un Lenin tabasqueño-, igual se olvida de destruir: la poca seguridad que queda en el país, al INE y toda la democracia mexicana, la economía nacional, la Selva Maya, el medioambiente, la salud de los mexicanos, y en general al país.

¿Qué le haría a este señor el mundo en general y México en particular que les tiene tanta tirria?

En fin que para que luego anden diciendo que aquí los naturales de este país, incluidos los judíos hitlerianos como yo, nomás andamos criticando y nunca ofrecemos propuestas y soluciones.

¡Lejaim!

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