Por Juan Pablo Martínez Zúñiga

Un héroe puede constituir una genuina área gris según su gestación, pues la validez de sus actos será inversa o directamente proporcional a su motivación, siendo ésta meramente altruista o potenciada por elementos ulteriores, lo que hará de su actividad justiciera un genuino servicio a la comunidad o un mero despliegue de autosatisfacción narcisista. Este fenómeno es la tesis de “Spider-Man: De Regreso A Casa”, nueva versión del clásico personaje de Marvel creado por Stan Lee y Steve Dikto en la década de los 60’s y que ha permanecido vigente por su acercamiento existencial con el lector promedio, pues el énfasis siempre estuvo puesto más en el “Hombre” que en la “Araña”, ya que se trataba de un ser falible, incapaz de obtener dinero para la renta e incluso debía zurcir por las noches su disfraz en estado harapiento después de luchas intensas con sus poderosos enemigos, algo que jamás verán hacer a Superman o Batman. Tal mundanidad le han investido de cierta atemporalidad que permite al personaje seguir funcionando, aún si fue concebido en una Norteamérica post Guerra de Corea.
La decisión más atinada en esta producción es la de atar al personaje a sus raíces preparatorianas, conservando su capacidad de asombro ante sus propias habilidades y los insólitos acontecimientos que se generan a su alrededor, incluyendo interactuar con el mismísimo Tony Stark/ Iron Man (Robert Downey Jr.) y enfrentarse tanto a los problemas cotidianos de un adolescente (estudios, chicas, hormonas, inseguridades, traumas existenciales, etc.) como aquellos que su identidad disfrazada invariablemente gravitarán (asaltantes, problemas con la ley y, por supuesto, supervillano en turno). Esto permite que el espectador no se someta tan solo al acostumbrado alud de secuencias dinámicas y efectos por computadora a mansalva, sino que guarda amplio espacio para la caracterización y disfrute de este héroe imberbe que apenas comprende que con un gran poder se acarrea una gran responsabilidad.
El joven actor Tom Holland (“Lo Imposible”, “En El Corazón del Mar”) es quien ahora se pone en los tenis de Peter Parker, ese atolondrado y sabihondo estudiante de prepa quien es mordido por una araña modificada por la ciencia, transfiriéndole diversos poderes propios de un arácnido. Lo interesante es que esta cinta omite por completo la narración de su origen (muy apropiado pues la anécdota, junto con el origen de Batman, es una que forma parte de la cultura general) para enfocarse en el tutelaje de Parker por Tony Stark, quien le provee de consejos –pragmáticos, por supuesto– y tecnología para que el joven realice su labro como superhéroe. Análogamente vemos como Peter se desempeña en el ámbito social, interactuando con su tía May (Marisa Tomei), a quien debe mentirle constantemente para encubrir sus actividades bienhechoras; su mejor amigo Ned (Jacob Batalon); confidente de su identidad secreta y apoyo cómico durante la película; y Happy Hogan (Jon Favreau), mano derecha de Stark a quien se le encomienda vigilar al muchacho para reportar su progreso. Su medida como héroe vendrá en forma de Adrian Toomes (Michael Keaton), un hombre de familia defraudado por el sistema quien se hace de tecnología alienígena (específicamente, los despojos de la raza Chitauri después de su fallido intento por invadir nuestro planeta en la primera cinta de “Los Vengadores”) para construir armas y un equipo de vuelo anti-gravitacional con el que adoptará la identidad de El Buitre, uno de los némesis más longevos en la historia impresa del Arácnido.
El director Jon Watts (“El Payaso del Mal”) logra poner al servicio de la historia todo el proceder, por lo que cada secuencia de acción y efecto especial poseen estructura y validez, entreteniendo a la vez que genera intriga por saber más de los personajes. Mas todo quedaría a la deriva si no fuera por el contundente trabajo de Holland como Peter Parker, la genuina argamasa narrativa de toda la cinta, pues mantiene cohesivas las escenas con su innegable carisma y diálogos chuscos propios del personaje que jamás resultan anodinos o pesados, y ello hace de este el mejor Hombre Araña en sus 15 años de historia cinematográfica. Bienvenido a casa, Arácnido. Ya se añoraba.

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